Silgar ofrece el segundo registro del sapo lusitánico en Galicia

El Nuevo Vendaval encontró un ejemplar de este pez raro cuando faenaba frente a la playa sanxenxina


sanxenxo / la voz

Carlos Montes, patrón del pesquero Nuevo Vendaval, con base en Sanxenxo, tiene muchos años de experiencia en el mar. Y, sin embargo, no fue capaz de reconocer a ese extraño pez que se encontró en los aparejos cuando faenaba el pasado jueves frente a la playa de Silgar. El inusual pescado cabía en la palma de una mano, pero por más que lo miraba, Montes no acertaba a saber de qué se trataba.

La solución pasó por hacerle unas fotos y enviárselas a la Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños (Cemma). Al otro lado del Whatsapp, Pablo Covelo, de Cemma, tampoco lo reconoció, pero sabía quién lo podría hacer. Las imágenes fueron reenviadas a Xulio Valeiras, del Instituto Español de Oceanografía de Vigo. Valeiras sí supo de qué se trataba. El misterioso pez en cuestión es un sapo lusitánico, de nombre científico Halobatrachus didactylus.

No es de extrañar que ni un patrón de toda la vida en el mar ni un ténico de Cemma, que se especializan en cetáceos, no supiesen a qué atenerse ante el bicho. Resulta que el de Silgar es el segundo registro documentado de esta especie en toda Galicia y, según explicó Covelo, el primer hallazgo solo se realizó el año pasado y en la ría de Vigo.

El portavoz de Cemma explicó que el sapo lusitánico es una especie que vive en una amplia extensión del oceáno Atlántico. De hecho, se le puede encontrar desde Ghana, en África Occidental, hasta la costa portuguesa. Existen algunos registros en el golfo de Vizcaya, según algunas webs científicas internacionales e incluso una mención en el norte de Europa. Sea como sea, no es una especie muy común en las aguas del noroeste peninsular, y mucho menos en la ría de Pontevedra.

Devuelto al mar

El patrón del Nuevo Vendaval no se quedó con el pez. Desde Cemma se le recomendó que lo soltase nuevamente al mar y, puesto que el animal se encontraba en aparente buenas condiciones, Carlos Montes lo devolvió a las aguas de la ría, quedándose, eso sí, con la anécdota de ser el segundo en Galicia que veía y documentaba la existencia del Halobatrachus didactylus en las Rías Baixas.

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