Pazo Baión, ahora emblema del enoturismo

Condes de Albarei adquirió la antigua propiedad de Laureano Oubiña hace ahora once años y logró convertirla en un símbolo que desde hace años recibe a miles de personas interesadas en la viticultura y los vinos Rías Baixas


REDACCIÓN / la voz

Pazo Baión es un símbolo. Una muestra plausible de que con trabajo y ganas todo es posible. Lo sabían bien las madres de las asociaciones antidroga, que eligieron la más emblemática propiedad del narcotraficante Laureano Oubiña para escenificar su lucha contra esa lacra social. Y lo sabían también los socios de Condes de Albarei, que hace ahora más de dos décadas apostaron muy fuerte para convertirlo en un referente del enoturismo. Sus verjas, esas que un día aporrearon las madres, siguen en el mismo sitio. La gran diferencia es que, ahora, por ellas pasan cada año miles de turistas de todo el mundo que vienen a conocer las excelencias del albariño. Poco a poco, su turbio pasado va quedando atrás y dando paso a un futuro en el que la verdadera razón de ser de esta finca cobra sentido. Ya no hay dinero escondido en las vigas, ni restos de un señor que quiso convertirlo en símbolo de su oscuro impero. Ahora hay vides de albariño y bodegas llenas de depósitos, vinos de finca y unos espectaculares jardines en los que perderse es un verdadero placer.

Corría el año 87 cuando Laureano Oubiña y su mujer Esther Lago, que posteriormente fallecería en un accidente de tráfico, adquirieron la propiedad a nombre de una sociedad en la que, entre otros, figuraban también Sito Miñanco y Pablo Vioque. En realidad, el matrimonio era el verdadero propietario de la finca que, en el año 95, fue intervenida por el juez Carlos Bueren. Pero fue Baltasar Garzón el que procedió a su embargo, para hacer frente a una multa que debía pagar el matrimonio por una sentencia. Por fortuna, Pazo Baión no corrió la misma suerte de otros muchos bienes embargados a narcotraficantes, el olvido. Un año después, el Estado decidía arrendar su gestión a Freixenet, que mantuvo la finca y sus instalaciones en funcionamiento durante trece años. Allí produjo sus albariños Pazo Baión y Vionta, el segundo de los cuales sigue a día de hoy en los mercados. En todo ese tiempo, hubo varios intentos por parte de Oubiña para recuperar su propiedad. Todos infructuosos. Mientras, se buscaba la forma para que los beneficios de esta finca, antaño ligada al narcotráfico, se destinaran a la lucha contra la drogadicción, tal y como habían reclamado las madres en numerosas ocasiones.

Finalmente, fue en marzo del año 2007 cuando el Plan Nacional sobre Drogas puso en marcha el proceso para adjudicar, de forma definitiva, estas instalaciones. Aprovechando que el contrato firmado con Freixenet llegaba a su fin, la entidad diseñó unas bases para vender las instalaciones. En ellas se tenían en cuenta alguna de las reivindicaciones de las madres, como que el nuevo propietario de la finca ayudase de alguna manera a la rehabilitación de extoxicómanos. Pero también este proceso intentó enturbiarlo la familia de Laureano Oubiña. Sus dos hijas presentaron un recurso ante el Tribunal de Estrasburgo en el que exigían la mitad de la finca, que les correspondería por herencia de su madre, fallecida en accidente de tráfico. Argumentaban que como Lago había muerto antes de ser juzgada, su patrimonio debía quedar a salvo de cualquier intervención estatal. El recurso fue admitido a trámite, por lo que el Plan Nacional sobre Drogas decidió paralizar la adjudicación. Pero solo un mes después, Estrasburgo rechazaba suspender la adjudicación y el Abogado del Estado emitía un informe en el mismo sentido.

Aunque en un principio fueron seis los grandes grupos vitícolas españoles que aspiraban a hacerse con Pazo Baión, finalmente solo cuatro empresas presentaron sus ofertas. Fueron Freixenet, Marqués de Riscal y dos cooperativas de Rías Baixas, Martín Códax y Condes de Albarei. Fue precisamente esta última la que, finalmente, consiguió hacerse con la finca. Su oferta superaban los quince millones de euros e incluía, además, el compromiso de reinvertir el 5 % de los beneficios en programas de reinserción y de contratar a antiguos drogodependientes para que trabajaran en la finca.

Fue a finales de junio cuando Condes de Albarei se hizo con el pazo. Y un mes después, el 24 de julio del 2008, la finca volvió a ser un símbolo. Las madres contra la droga fueron las encargadas de abrir las emblemáticas puertas de este espacio y protagonizar un acto que quería escenificar el regreso de este lugar a su esencia, al mundo del albariño. En ello ha trabajado duramente la cooperativa cambadesa desde entonces. Tras una dura rehabilitación, a cargo del arquitecto César Portela, el pazo es hoy lugar de paso obligado para los amantes del turismo del vino. Es, también, una finca en la que se cultiva uno de los primeros vinos de pago de Galicia. Bajo sus parras trabajan en vendimia jóvenes que en su día fueron víctimas de las drogas. Y ni en la finca ni en el pazo quedan ya restos del que fue su antiguo propietario. Pazo Baión ha recuperado su esplendor. Pero, sobre todo, ha recuperado su razón de ser y vuelve a ser un emblema, ahora, del enoturismo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Pazo Baión, ahora emblema del enoturismo