«Tengo una enfermedad ultra rara y cada día me acuerdo de mi donante»

Nuria Cruz, vicepresidenta de la asociación Alcer, cuenta su historia mientras anima a donar órganos


pontevedra / la voz

La ciudad de Pontevedra se sumó este miércoles al Día Nacional del Donante. El acto consistió en la instalación de una mesa informativa a cargo de la asociación Alcer. Allí, su vicepresidenta, Nuria Cruz Ramos, y otras voluntarias invitaban a las personas que se acercaban a hacerse donantes de órganos y tejidos.

Según datos de la Consellería de Sanidade, el número de donantes de órganos en los primeros cinco meses del 2019 aumentó en un 56 %, mientras que de un 20 % fue el incremento en las intervenciones quirúrgicas de trasplantes. Al margen de esas cifras globales, en el área sanitaria de Pontevedra y O Salnés había hasta el pasado 31 de mayo 12.611 tarjetas de donantes. En la capital son 3.914 carnés.

A pie de mesa, Nuria Cruz dice que cada vez hay mayor sensibilización social, pero que todavía queda mucho camino por recorrer para que la donación sea el proceder normal. Mientras atiende a los viandantes, esta mujer de 45 años natural de Ferrol cuenta su historia. Lo hace para que se visualice que donar, efectivamente, salva vidas. A Nuria le diagnosticaron hace casi catorce años una enfermedad ultra rara que afecta a los riñones, el síndrome hemolítico urémico atípico (SHUa). «Es una enfermedad crónica y genética que me descubrieron de repente. Ahí cambió mi vida», explica. Cuando sus riñones empezaron a fallar tuvo que vivir pegada a una máquina de hemodiálisis. Fueron más de diez años así. Hasta que el 31 de julio del 2016, hace casi tres años, Nuria recibía un trasplante de riñón que le ha permitido mejorar su calidad de vida.

«Antes no podía ingerir más de medio litro de líquidos al día, incluyendo tanto agua como infusiones o la fruta. Ahora tengo más energía, estar conectada a la máquina de hemodiálisis te agota, causa daños en los músculos y en los huesos, hace que el corazón trabaje más... Mi vida es otra», comenta a pie del santuario de la Peregrina. Al igual que otras muchas personas que reciben un órgano, Nuria dice que ahora tiene dos cumpleaños, el 10 de octubre, cuando nació, y el 31 de julio. «Mi madre siempre nos hacía por nuestros cumpleaños la comida favorita de cada uno, la mía era la coliflor. Ahora mi madre está enferma, pero celebro ese otro cumpleaños con arroz con bogavante, porque antes el arroz lo tenía muy limitado porque absorbe mucha agua».

Nuria está muy implicada en las campañas de donación que se hacen en la calle. Cree que la gente va cambiando, que cada vez se llega en mejores condiciones a la vejez y que hasta «la Iglesia católica ya apoya la donación». Este miércoles en Pontevedra una veintena de personas cubrieron los papeles o se los llevaron a casa para recibir la tarjeta de donante. «La gente tiene que saber que la tarjeta sola no es suficiente para que, llegado el momento, se respete su voluntad de donar los órganos. Si un familiar dice lo contrario prevalece, por eso incidimos en la importancia de dejarlo por escrito en el testamento vital o documento de últimas voluntades».

Esta mujer tiene clara cuál debe ser la filosofía de vida: «La vida hay que vivirla y después donarla». En su caso, tiene muy presente a la persona que le regaló un riñón. «Sé que era un chico de 41 años. Yo me acuerdo de mi donante cada día, todos los días».

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