Auge y caída de la principal banda de butroneros que actuaba en España

Un operativo de la Guardia Civil de Pontevedra desmantela el clan de Sami Dogani


Pontevedra / La voz

Durante meses, pusieron el foco en naves industriales por todo el territorio nacional que asaltaban con la pericia de un comando de operaciones especiales. La investigación Sangan, liderada por la policía judicial de la Guardia Civil de Pontevedra y el ECO Galicia, ha permitido desmantelar el clan del serbio Sami Dogani, de 54 años, considerado como la principal banda de butroneros de España.

Desde hace una semana, tanto el líder de esta organización como sus cinco secuaces permanecen recluidos en un centro penitenciario por orden de la titular del Juzgado de Instrucción número uno de Pontevedra. La decisión se adoptó a instancia de la Fiscalía Provincial, que inicialmente vincula a los arrestados con los delitos de robo con fuerza, pertenencia a grupo criminal, blanqueo de capitales, receptación y falsedad documental.

Los que los conocen resaltan que se trata de individuos hechos a sí mismos, forjados en las calles de algunos de los barrios más problemáticos de Serbia y Kosovo. Fue en ese entorno donde Sami Dogani fue confeccionando un grupo donde el más joven tiene 36 años para, posteriormente, desplazarse a España.

Hicieron de su Madrid su base de operaciones estableciendo pisos francos en Torrejón de Ardoz, pero también dos en Chamartín, y uno en Usera y Carabanchel. Desde la capital de España no dudaban en recorrer hasta seiscientos kilómetros para dar golpes relámpagos, ya que en el mismo día se cree que se desplazaban hasta sus objetivos, los asaltaban y retornaban a casa. Así lo hicieron en el caso de trece empresas asentadas en nueve ayuntamientos pontevedreses -Cuntis, Cerdedo-Cotobade, A Estrada, Forcarei, Gondomar, Mos, Pazos de Borbén, Vilanova y Ponteareas-, robos a los que se suman otros ocurridos en las provincias de Toledo, Badajoz, Lleida y Ciudad Real.

Desde la Comandancia de Pontevedra precisaron que la operación Sangal comenzó a fraguarse el pasado enero como consecuencia de un repunte en los asaltos a naves industriales con un modus operandi similar. Esto llevó a los investigadores a sospechar que detrás de los mismos se encontraría el mismo grupo de personas, por lo que comenzó entonces un exhaustivo análisis de las grabaciones de seguridad de las empresas asaltadas, así como se llevaron a cabo minuciosas inspecciones oculares de estos escenarios.

Con el paso del tiempo, el cerco se fue estrechando en torno a los sospechosos, ya que todos cuentan con múltiples antecedentes por delitos contra el patrimonio.

La Guardia Civil sostiene que se trata de una organización jerarquizada y estructurada con un reparto de roles entre sus miembros. De este modo, antes de cada robo, estudiaban con detenimiento las empresas para conocer sus sistemas de seguridad o las vías de accesos y salida.

Mientras unos se ocupaban de inutilizar las alarmas siempre en horario nocturno, otros realizaban labores de vigilancia desde vehículos en el entorno de las empresas. Con esta forma de actuar, minimizaban los riesgos y trataban de garantizar que los butrones se realizasen con total impunidad para, ya una vez dentro de las naves, forzar las cajas fuertes para sustraer el dinero y todos los efectos de valor que encontrasen.

Habitualmente, trataban de deshacerse de los botines cuanto antes, una circunstancia que no ha impedido que la Guardia Civil recuperase «una importante cantidad de efectos procedentes de los robos» en el transcurso de los cinco registros domiciliarios realizados por los agentes.

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