Siete lustros de amor al balonmano en Lalín

El dezano lleva desde los seis años vinculado al club rojinegro, menos una liga con el Teucro


Lalín / La Voz

En Lalín si hablamos de un deporte enraizado en la sociedad, con afición fiel y una cantera admirada en toda España -donde surgieron jugadores de Asobal como Pablo Cacheda o Xoán Ledo por citar los dos últimos- lo hacemos de balonmano. Toda una pasión para generaciones de lalinenses como José Antonio Varela Pincho. Con cuarenta años, desde los seis pasó por todas las categorías del BM Lalín hasta su retirada en el 2012, tras más de cinco lustros sobre las canchas, donde regresa de forma puntual con los veteranos. Pero lleva el balonmano en la sangre. Desde que no toca vestirse de corto, desempeña cargos en la junta directiva, como director deportivo en los dos últimos años, además de entrenar categorías de base y, desde el 2017 al Balonmán Deza, filial del principal equipo de la localidad, que logró ascender a Primera Autonómica.

La proximidad de su casa, el bar de sus padres y el colegio Sagrado Corazón al pabellón municipal le llevaron a acercarse siendo niño a esas instalaciones. Y probó con el balonmano. Le enganchó, pasando más tiempo casi jugando que en su hogar. Eran otros tiempos, donde los chavales encontraban en el deporte una vía para disfrutar de su ocio. Cuenta Pincho, como todo el mundo le conoce -el nombre del local hostelero que regentaron sus padres- que comenzó bajo palos, «ata que levei un balonazo nunha man». Recuerda que entonces el primer equipo contaba con extranjeros en sus filas. En su retina aprendía de Vadim, Zico, Goran, Miodrav o un mítico entre los rojinegros, Cölic. Los tres últimos incluso le entrenaron.

Pincho también jugó de pivote o de central, ya en época cadete, para después desplazarse al lateral derecho y en los últimos años alternaba en la primera línea, en la izquierda o de central. Solo le quedó ser extremo. Sus cualidades despuntaron desde la base y ya de juvenil militó en el primer equipo. El único paréntesis como rojinegro se produjo en la temporada 2006-2007, fichado por el Teucro para la División de Honor B. Fue uno de los artífices del ascenso del conjunto de Pontevedra a la Asobal.

«Houbo ofertas para xogar noutros equipos pero son funcionario dende os 22 anos e nunca tiven a necesidade imperiosa de vivir do balonmán», explica Pincho. Estuvo al final de una temporada entrenando con Modesto en el Teucro ya en Asobal, recibió otras propuestas, del Atlético Novás, Anaitasuna e incluso de Melilla, pero optó por rechazarlas. «De xogar nun equipo da mesma categoría sempre dixen que optaba polo Lalín», sentencia uno de los valedores de este club en las últimas décadas inmerso en la Primera Nacional. Eso sí, reconoce que le queda la espina de no haber probado en Asobal al priorizar su trabajo.

A Pincho siempre le gustó asumir responsabilidades sobre la cancha, como ahora de directivo y entrenador. Con capacidad goleadora, su carácter le ha definido, imponiendo sus 1,87 metros y sus 94 kilos. Ejerció la capitanía en sus últimos años, «porque antes Roberto Granja daba mellor perfil, era máis conciliador». Pertenece a una gran generación de jugadores lalinenses, como Durán, portero en activo, o Rubén Martínez, quien militó en Vigo en el Octavio.

De técnico pasaron por sus manos jugadores que incluso saltaron fuera de Lalín como el portero Alberto Mouriño o las actuales integrantes del plantel sénior femenino, desde su comienzo en la temporada 2000-2001. Categórico, prefiere su etapa de jugador porque «o balonmán é unha droga, que necesito, que teño e dunha maneira ou outra evolucionas para seguer con ela». De ahí que tenga sobre la mesa participar con los veteranos en una próxima competición.

A sus espaldas lleva cuatro fases de ascenso a División de Honor B, el eterno objetivo que en más de una ocasión rozaron los rojinegros. La primera, en casa, en la temporada 1998-1999, para en la siguiente ir a Altea; Pamplona en el 2004 y Palma del Río, en tierras cordobesas, completaron en el 2006 esos intentos fallidos. «Unha ferida que nos supura a esa xeración toda», lamenta, que en su caso palió con el ascenso con el Teucro.

Pincho compitió con la selección gallega en varias categorías, incluido un campeonato de España. Respecto al éxito del balonmano en Lalín, lo argumenta en el arraigo en muchas familias, transmitiéndose esa pasión de padres a hijos. Las expectativas crecientes, año a año, despiertan ese interés entre los niños. Esta temporada por ejemplo cuentan con veintidós equipos y más de 250 fichas. Todo ello en un municipio de poco más de 20.000 habitantes, muy desperdigados con un territorio muy extenso.

Califica de enriquecedor dedicar su tiempo libre como directivo «para facer que o clube medre», reconociendo que siente «como se fosen teus todos os equipos». Está orgulloso de haber transmitido a sus hijos, de 12 y 9 años, el gusto por el balonmano aunque matiza que «nunca os obriguei, nin o farei». Y parece que las nuevas generaciones prometen. Lalín tiene madera.

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