En tres semanas, la reválida

Las municipales pueden plantearse como una segunda vuelta de las generales, pero los matices locales competirán contra las tendencias que vienen del 28A


Hace una semana que los pontevedreses como el resto de los españoles fuimos llamados a las urnas y decidimos que el PSOE fuese el partido más votado y que Pedro Sánchez tenga la encomienda de presentarse a la investidura y formar gobierno. Si será solo o en coalición, con pacto de legislatura o con acuerdos puntuales, está por ver. Siempre después del 26 de mayo. Antes deberán resolverse las elecciones municipales, autonómicas y europeas dentro de tres domingos. Para los partidos políticos se plantean como una segunda vuelta. Una reválida. Pero en clave local, en clave pontevedresa, van a entrar en juego más factores que influirán, veremos hasta dónde, para depararnos el desenlace de esa próxima noche electoral. Aquí el BNG no sale de comparsa, como en generales, sino de principal favorito. Miguel Fernández Lores, tras 20 años consecutivos en la alcaldía de la ciudad, pretende prolongarse en un sexto mandato y desea hacerlo con la mayoría absoluta que se le ha venido resistiendo.

Alzas y bajas

¿Hasta qué punto las tendencias de voto que se produjeron en esta ciudad hace siete días, se pueden repetir y en qué medida pueden influir en el resultado del 26M? Esta es la gran pregunta.

Partimos del principio generalmente aceptado de que la ciudadanía vota diferente según se trate de generales o municipales, por lo que asumimos que un elector puede decidirse por papeletas diferentes, incluso, antípodas según para qué se vota. En Pontevedra ese comportamiento electoral se ha dado en los últimos años, de modo que votantes de Rajoy, Feijoo y Ana Pastor fueron capaces de votar tan normalmente a Fernández Lores en los comicios locales. Es obvio que se vota en consecuencia de un sentido pragmático que explica un comportamiento electoral tan zigzagueante.

A la vista de los resultados del pasado domingo son PSOE, Ciudadanos y BNG quienes presentan tendencias de voto al alza en Pontevedra, mientras PP, Unidas-Podemos y En Marea muestran tendencias a la baja. Y de propina, la aparición de Vox que es novedad y al mismo tiempo intriga con esos 2.941 votos que rascó en esta capital.

Si las tendencias se mantuvieran, aún con todas las correcciones que implica el cambio mental de votar generales y luego municipales, podemos asistir a una redistribución de votos y concejales en la izquierda y en la derecha. Y a una corporación local más fragmentada con hasta media docena de grupos municipales.

En las locales del 2015, con una participación del 60 %, la barrera legal del 5 % del voto válido se fijó en los dos mil sufragios. Ciudadanos con María Rey fue el último en franquear ese listón con 2.268 papeletas que le dieron una concejalía. Otra cifra para pensar: el último concejal asignado, el cociente número 25 lo sacó el BNG (1.420 votos) que le otorgó el decimosegundo escaño. Ambos números sirven para responderse a la típica pregunta de cuánto cuesta sacar un concejal en Pontevedra.

Duelos a izquierda y derecha

La subida de votos del PSOE entre la ciudadanía de la capital evidencia un dato impresionante: los 16.349 votos recolectados el pasado domingo suponen casi cuadruplicar el número de los obtenidos por la candidatura socialista que encabezó Tino Fernández en las municipales de 2015 (4.277). Y propicia una comparación muy sugestiva: el BNG cosechó el domingo pasado 3.436 votos que suponen casi la quinta parte de los 17.050 sufragios que la lista de Lores consiguió hace cuatro años en municipales. Podría sospecharse un trasvase de voto -útil- según se trate de elegir presidente del Gobierno o alcalde de la ciudad.

La cuestión ahora es otra: ¿cuánta de esa renta será capaz el PSOE pontevedrés de retener? Si así fuese, parece obvio que las posibilidades del BNG de vencer con mayoría absoluta mermarían en la medida en que crezca por encima de tres, el número de concejales que saque el PSOE. Si así fuese sería más imaginable un nuevo gobierno municipal de coalición entre nacionalistas y socialistas, como ya vivimos entre 2007 y 2015.

El reparto de votos entre la izquierda tiene otros dos actores más cuya suerte está crucificada por el cisma que atraviesan. Unidas-Podemos y Marea pelean por un mismo espacio electoral, una bolsa de diez mil potenciales votantes que hace cuatro años compartieron. En las generales del domingo la marca de Pablo Iglesias se llevó la mayor tajada con 7.681 papeletas en el municipio, mientras Marea se pegaba un monumental tortazo con solo 472. Es obvio que el tándem Luís Rei/Tere Casal tiene posibilidades de voltear esa tortilla frente al desconocido candidato de UP, pero todos ellos corren el riesgo de que PSOE y BNG les coman gran parte de la tostada.

En la derecha, o mejor dicho el centro-derecha que ahora todos reivindican, Rafa Domínguez y el PP local tenían un reto muy difícil que desde el domingo se torna imposible. Más que pelear por un incremento de voto y concejales, deberán combatir por evitar un mayor desplome. Sus problemas se llaman Ciudadanos y Vox. Ambos comen del caladero electoral que en alguna ocasión anterior (2011) llevó al PP a tener 17.244 votos en esta ciudad. El presumible crecimiento de C’s -pese al cambio de póster- y la erosión que les generará Vox prometen una redistribución de concejales.

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