Puso el mundo a sus pies al descubrir el triatlón con 35 años

Compite en paratriatlón de larga distancia y acuatlón después de una vida de fútbol


Marcos Suanzo tiene el número 537 en el neopreno y en el maillot de carrera. Antes de saltar ayer al agua temía que la temperatura del río lo bloquease en su reaparición. Lleva dos años apartado de la competición por una lesión de clavícula que sufrió tras una caída en el Ironman de Lanzarote hace dos años. Desde entonces ha estado un año sin actividad y a lo largo del 2018 empezó a hacer ejercicio otra vez, pero «no empecé a entrenar fuerte hasta principios del 2019», reconocía ayer Suanzo antes de que arrancase el Mundial de Paraacuatlón.

Este triatleta gallego descubrió esta disciplina casi con 35 años. Hasta entonces su pasión era el fútbol, «pero se me daba bien correr y nadar y empecé a engancharme tanto, que ahora no puedo parar». Comenzó participando en carreras populares en Cataluña, donde vive actualmente, pero cuando se puso en marcha la categoría de paraacuatlón no lo dudó. A Marcos Suanzo le falta una mano desde que nació y cuando vio la oportunidad de participar en la alta competición no lo dudo. Puso el mundo a sus pies.

La edad no le impide cosechar reconocimientos. Este no es su primer mundial. Tiene un bronce en el Mundial de Triatlón Cros de Extremadura, un bronce en el Campeoanto de Europa de Duatlón, quinto en el Mundial de Duatlón de Edimburgo o cuarto en las series mundiales de Madrid, entre otros. «Ahora no llego como me gustaría, pero me hacía mucha ilusión correr en casa», cuenta Suanzo, que ya estuvo en Pontevedra en el Europeo que acogió la ciudad, donde quedó quinto clasificado y fue el primer español en su categoría. Su discapacidad física le permite competir en PTS5 (siglas que determinan el grado de discapacidad). Pontevedra es solo el punto de partida a su recuperación. Ayer fue el paraacuatlón y mañana será el Mundial de Triatlón de larga distancia. Su próxima parada será el Campeonato del Mundo X-Terra en Maui. No se pone freno. Ni siquiera su trabajo se lo pone. «Soy coach deportivo y personal, soy autónomo y me permite tener un horario flexible para poder entrenar». Y es que sus sesiones superan las veinte horas semanales, salvo en estos dos últimos años. Cuando se recuperó de su rotura de clavícula, al volver a la actividad sufrió varias lesiones por la falta de actividad, pero todo eso es pasado y ahora busca seguir sumando puntos hasta lograr cuanto antes un podio. Mañana volverá a enfrentarse a su peor pesadilla, la temperatura del agua, pero lo hará en su tierra, y eso, ya le compensa.

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