La Navarra sirvió sus últimos bocatas

El emblemático establecimiento marinense, con 79 años de historia a sus espaldas, echó el cierre en la rúa Real


marín / la voz

Los clientes de toda la vida aún petaban a la puerta de La Navarra este martes, incrédulos ante el cartel con el que sus propietarios daban las gracias al pueblo de Marín al poner fin a 79 años de convivencia. Este conocidísimo local echó el cierre esta semana y con él se va una parte de la historia de Marín, cuajada de anécdotas, buenos momentos y una oferta gastronómica que ganaba adhesiones a perpetuidad. Pocos marinenses habrá que no hayan pasado por este local a tomarse una caña o un vino, y degustar las especialidades de la casa: tortilla, jamón, pulpo y calamares. Las empanadillas muchas veces volaban de la cocina a las bolsas de los clientes, sin apenas tiempo de pasar por el expositor del mostrador.

La Navarra se fundó en 1940 y 17 años después, la adquirió el matrimonio formado por Manuel Rey y María del Carmen Méndez, arousanos afincados en Marín. En 1985 el testigo lo recogieron su hijo José Ramón, a quien todo el mundo conoce por Moncho, y su mujer María José Santiago Santiago, y así siguieron hasta hoy.

Moncho explica que su padre «trabajaba en el casino de alumnos y cogió el traspaso». Así que Moncho ya se crió entre fogones y aprendió la profesión, aunque su vida laboral inicial fue electricista. Cuando a su vez relevó a sus padres, él era quien atendía a los clientes. La mano que dirigía la cocina era su mujer, María. «Yo era ama de casa, pero siempre me gustó la cocina», apunta. Y no hay duda de que tiene buena mano. Los bocatas de La Navarra figuraron durante años como una de las cosas imprescindibles que un visitante tenía que probar en Marín. Y muchos alumnos de la Escuela Naval también aprendieron aquí las bondades de la gastronomía de la villa.

El producto que se servía era de buena calidad, porque se compraba en la plaza de abastos de Marín, tanto los pescados como las carnes. María es una entusiasta defensora del mercado local.

¿Cuál era su secreto para encandilar así a los clientes? «Hay que hacerlo todo con cariño y como si fuese para uno mismo. Además, tengo una familia que cocina muy bien y este bar siempre lo tuve como si fuese un bar familiar. Nosotros no dejamos aquí clientes, dejamos amigos», añade. Las fotos de las paredes evidencian esa historia, desde una de 1968 del grupo Os Seixox -«mi suegro era el chófer», apunta María-, a otras muchas que adoraban las paredes.

Moncho recuerda con orgullo que La Navarra funcionó como una especie de cuartel general de una de las comparsas más famosas de Marín: el Xarangallo Mangallo. «Nosotros tenemos aquí el san Caralampio, que era el patrón del Xarangallo y que se celebraba su fiesta el primer domingo de septiembre», recuerda. La talla la donarán al Ateneo Santa Cecilia y así perdurará para el futuro.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Tags
Comentarios

La Navarra sirvió sus últimos bocatas