«Soy gitana, pero ni quería prometerme ni casarme. Quería estudiar y viajar»

Celeste Gómez hizo el ciclo medio y superior de Cocina y ahora trabaja en el Eurostars BCN Design. Es feliz


pontevedra / la voz

Celeste Gómez, de 23 años, está de vacaciones en Vilaboa, en casa de sus padres. Acaba de regresar de Barcelona, donde trabaja en la cocina del hotel de cinco estrellas Eurostars BCN Design. Llegó a este empleo después de cursar el ciclo medio y superior de cocina en el Carlos Oroza de Pontevedra. Y no puede ser más feliz. «En Barcelona encontré mi sitio. Me gusta el trabajo, la ciudad, la gente... Es increíble», dice llena de ilusión. La de Celeste podría ser la historia de una joven feliz en su primer trabajo y ante la vida independiente. Pero su trayectoria tiene un plus añadido. Es gitana y, aunque insiste en que respeta las leyes y tradiciones de su etnia, reconoce que le tocó romper muchos techos para poder llevar la vida que quiere. «Soy gitana, pero no quería prometerme ni casarme. Quería estudiar y viajar», resume.

A Celeste le fue bien en primaria y titubeó un poco en la ESO. Pero en su vida estaban las profesoras del colegio O Toural de Vilaboa, que no la dejaron abandonar: «Siempre me apoyaron, son un gran referente para mí. Fíjate si son importantes que hace poco vinieron a Barcelona a verme por mi cumpleaños», explica.

«Sí, mi hija es distinta»

En el 2014, con 19 años, Celeste fue noticia por ser una de las pocas jóvenes gitanas que acababa la ESO en la comarca de Pontevedra. Contaba entonces que quería matricularse en la escuela Carlos Oroza y probar suerte con un ciclo medio. Cursó esos estudios, hizo el ciclo superior de Cocina y, cuando le tocaba realizar las prácticas, Barcelona se cruzó en su vida: «Me ofrecieron la posibilidad de ir allí y yo quise ir. No fue fácil porque a mis padres les costó mucho hacerse a la idea de que me fuese sola... fue complicado. Pero al final accedieron. Creo que entendieron que soy distinta, que no me gusta todo lo que suele gustarle a las chicas gitanas», indica Celeste. Amaya, su madre, de 40 años, con tres hijas ya crecidas y un nieto, asiente con la cabeza. «Sí, lo que está claro es que mi Celeste es distinta», señala.

Terminadas las prácticas, le ofrecieron un contrato en el citado hotel. Y Celeste aceptó encantada. Acaba de venir con su jefa de una estancia en Nueva York. En Barcelona comparte piso y tiene amigos de todos los continentes. Si se le pregunta por el futuro, dice: «Creo que de momento encajo en Barcelona».

Su madre la escucha e insiste en que si volviera a Galicia ganaría más dinero. «Que allí es todo muy caro», le dice. El padre está más callado. Poco a poco, conforme Celeste cuenta lo feliz que es, ambos progenitores van sonriendo. La madre acaba diciendo que está orgullosa y a que ojalá ella tuviese unos padres que en su día la dejasen volar. El padre las escucha y señala: «¿Te dijo que está en el Eurostars? Llegó lejos».

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