«Empecé vendiendo el cupón con un silbato por una barriada minera»

Quiere fomentar la relación institucional de la organización en la ciudad y que se cuente con ella para reformas urbanas


pontevedra / la voz

Eloy Hermelo Caamaño (Cangas do Morrazo, 1980) acaba de asumir el cargo de director de la Agencia de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE) en Pontevedra. Recién aterrizado dice que todavía se está poniendo al día. Entre sus objetivos, incrementar la presencia institucional de la ONCE en la ciudad y seguir dando pasos para la integración de las personas ciegas o con discapacidad visual.

-¿Cuáles son sus primeras sensaciones y por cuánto tiempo es el puesto?

-En principio es por cuatro años. Me incorporé el día 1 de febrero, vengo de la dirección de apoyo de la ONCE en Vigo, allí estaba como responsable de servicios sociales, donde estuve un año después de estar 19 años como vendedor en la calle en diferentes sitios. Empecé en Asturias, pasé por Valencia y en el 2005 estuve aquí, en Pontevedra, un año y después por proximidad a mi domicilio ya me desplacé a la zona de Vigo. A ver cómo llevo ahora el tema de la conciliación, que siempre es complicado.

-¿Cómo surgió esta posibilidad?

-Lo propone la dirección. En la ONCE cada cuatro años suele haber renovaciones con planes de actuación. Es como un proceso electoral donde los afiliados eligen a los directivos, a los responsables y estos conforman un equipo de trabajo por territorios. A nivel autonómico tenemos siete centros. A mí me ofrecieron el puesto de Pontevedra.

-¿Cómo recibió esa propuesta?

-Al principio siempre da un poco de vértigo. Me gusta porque yo soy una persona comprometido con la ONCE, siempre participé y pocas veces digo que no. Es un proyecto ilusionante y una responsabilidad muy grande. A pesar de que estuve en Vigo allí tenía un director por encima de mí. Aquí voy a ser la cara de la organización y en una capital de provincia. Me tocará fomentar la representación institucional de la ONCE en la ciudad, contactos con el Concello, con la Diputación... En Vigo estaba un poco escudado por el director.

-Usted no es ciego total, tiene lo que se llama resto visual funcional. ¿Qué no puede hacer?

-Es complicado decir cuánto veo. Tengo una autonomía personal bastante buena, tengo la limitación de que no puedo aprobar un psicotécnico y no puedo conducir. Por la calle y a la hora de trabajar me defiendo bien con el resto visual que tengo, con pequeñas adaptaciones en el ordenador, ampliando los textos. En mi caso esa falta de visión es de nacimiento.

-¿Cómo llegó a la ONCE?

-Estuve estudiando en educación ordinaria hasta que me afilié a la ONCE con 17 años. A uno le cuesta reconocer las limitaciones de vista que tiene, yo no quería saber nada de la ONCE. Pero entras y conoces a gente que tiene tus mismos problemas o peores. Hoy en día los ciegos no tienen limitaciones. Vas conociendo la organización y te vas implicando. Yo empecé por el tema del deporte, con el fútbol sala adaptado y con el tándem. Con 17 años aún no tienes una edad laboral y empiezas con las actividades que te propone la ONCE.

-Presume de haber sido vendedor del cupón de la ONCE...

-Me ofrecieron el primer contrato de vendedor en Asturias. Acabé el bachiller, yo era de ciencias pero por el problema de visión me orientaban hacia las letras, y se me daban fatal. Planté los estudios y vi una opción laboral. Empecé como vendedor en 1999. De entrada puede dar algo de reparo o de vergüenza, yo empecé vendiendo el cupón ofreciéndolo con un silbato por una barriada minera en Asturias. Era para avisar como hacía el afilador o el del butano. Era una barriada de la empresa Hunosa y recuerdo que las paisanas escuchaban el silbato y bajaban la bolsa de coger el pan por la ventana con las 200 pesetas que valía el cupón. Vas aprendiendo, te va gustando, conoces mucha gente. Al vendedor de barrio siempre le compran las mismas personas y al final son como una familia. Muchas veces lo echo de menos.

«Damos cobertura a 450 afiliados y gestionamos una plantilla fija de 73 vendedores»

El nuevo director de la ONCE dice que la organización le dio todo. En su despacho hay una escultura que le gusta especialmente porque, remacha Eloy Hermelo, simboliza lo que es la ONCE. Son unas manos con la leyenda «Gracias. Nuestras manos son nuestros ojos y oídos. Tus manos son el mundo».

-Además de vendedor del cupón y del cargo actual, ¿qué más hizo en la organización?

-A nivel interno dentro de la ONCE estuve participando como consejero territorial a través de la unidad de afiliados que se llama Unión Progresista.

-En Pontevedra es inevitable asociar la ONCE con el CRE, el Centro de Recursos Educativos. ¿Es así?

-Claro, el CRE lleva ahí 75 años. En la Agencia somos dos administrativos, un gestor comercial y el director. Después tenemos los técnicos de servicios sociales que vienen a demanda con cita. Damos cobertura a 450 afiliados y gestionamos una plantilla fija de 73 vendedores en la comarca de Pontevedra. Además de los despachos, tenemos un salón de actos y un salón multiusos para actividades lúdicas y de ocio para afiliados.

-Pontevedra presume de ser una ciudad accesible. ¿Lo es para los ciegos?

-La accesibilidad en la ciudad está mucho que mejor que en otros sitios, pero a veces la eliminación de barreras se basa en las sillas de ruedas y para la gente ciega igual hacen falta otro tipo de adaptaciones o retirar algunos obstáculos que son muy peligrosos. Cuando se hace una humanización hay ciertas pautas que no van a encarecer el proyecto, como una señalización podotáctil en el suelo, si se plantean desde el inicio.

-¿Las Administraciones públicas les solicitan asesoramiento?

-No mucho. Tenemos un fichaje nuevo en Vigo, que da soporte a Ourense y a Pontevedra, que es una pasada. Se dedica a dar soporte a los afiliados, pero también tienen conocimientos de movilidad, de itinerarios accesibles. Es una persona muy formada, que se actualiza cada vez que sale una cosa nueva. De hecho, nos pidieron colaboración para la nueva estación de ADIF en Vigo. Tenemos ese servicio y lo que queremos es que si lo necesitan se pongan en contacto con nosotros. El otro día nos reunimos con el PSOE de Pontevedra y les facilitamos un dosier elaborado por la ONCE específico de lo que son los itinerarios accesibles.

«Pontevedra está mucho mejor que la media de ciudades»

A la hora de hablar de reformas urbanas, el nuevo director de la ONCE en Pontevedra llama la atención de los peligros que para las personas ciegas tienen las calles de plataforma única.

-¿Conllevan más riesgo para las personas invidentes las calles de plataforma única?

-Son estupendas para la gente mayor o las personas en sillas de ruedas. Pero a la gente que no ve nos dejan aparte. Una plataforma única sin relieve ni resaltos, en un espacio de 20.000 metros cuadrados ahí un ciego no sabe para dónde tirar. En eso estamos trabajando. Que conste que Pontevedra está mucho mejor que la media de las ciudades.

-Usted conoce bien la ciudad porque se mueve en transporte público al no poder conducir...

-Sí, desde el 2005, que estuve vendiendo en Pontevedra, a hoy la evolución ha sido muy positiva en ese sentido. Mi limitación es que no puedo conducir y dependo de una persona o del transporte público. Las frecuencias y los horarios desde Cangas son de aquella manera, con Vigo no hay problema. La zona de la costa es más complicada.

-Volviendo al CRE de la ONCE. ¿Cómo es la relación?

-Frecuente y cordial. Recuerdo las anécdotas que me contaba José Ángel [Abraldes, director del CRE]. Ellos llevan 75 años, pero hace años cuando salían los niños internos en batallón para ver al Pontevedra en Pasarón la gente se apartaba por la calle. Decían ‘¡Cuidado, cuidado que vienen los ciegos!’. Es una cosa que ha cambiado mucho. Hoy es normal ver gente con bastón o con perros guía. La sociedad lo ve y va aprendiendo a trabajar. Hay gente como yo, con resto visual, a la que le cuesta ir con bastón blanco, y siempre digo que es algo que facilita la reacción de la otra persona si tropiezas con ella. Respecto a la educación, tiene que ser integrada en colegios ordinarios para que no se pierdan habilidades y se aprenda mutuamente, las dos partes.

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