Un molusco hoy extinto proveyó de púrpura a los antiguos sanxenxinos

Un basurero prerromano en A Lanzada apunta al uso del múrice para hacer tinte


sanxenxo / la voz

El color púrpura solo se podía obtener en tiempos remotos a partir de un molusco, el múrice, y son precisamente conchas de esta especie las que han aparecido en buen número en un cuncheiro, un antiguo basurero de época prerromana en A Lanzada, en Sanxenxo. Como el múrice no sirve como alimento, la única explicación lógica para su aparición en el cuncheiro, entre restos de loza y cerámica castrexa, espinas de sardina y huesos de animales, es una utilización, probablemente a nivel doméstico, para obtener el preciado tinte de color púrpura.

Más curioso aún, el múrice está hoy extinto en Galicia, por lo que su presencia atestigua una época con aguas más cálidas, ya que este bivalvo se encuentra actualmente en el Mediterráneo y hace más de un milenio y medio que no figura en los estratos del norte peninsular. Esta es una de las conclusiones a las que llega Lino Gorgoso, de Adro Arqueolóxico, al evaluar el resultado de una pequeña excavación en el vial de acceso a la ermita más famosa de la comarca.

Datación en Miami

Todo comenzó con un proyecto de UFD, filial de Naturgy, antigua Fenosa, para el soterramiento del tendido eléctrico aéreo en A Lanzada. Parte del trazado pasaba por el área de interés arqueológico de este enclave sanxenxino y Gorgoso dirigió el equipo que realizo un total de 12 catas, entre el vial citado y el acceso a Foxos. En esta segunda ubicación no salió nada, más que arena. La sorpresa estaba en el otro extremo del área de interés y el resultado superó sus expectativas.

Los restos de interés histórico surgieron ya en la primera cata. Apareció una estructura castrexa, circular, y a su lado, el cuncheiro. Gorgoso indicó que dentro de la vivienda se encontraron carbones. Fue un hallazgo relevante, porque permitió definir la época en que la casa estuvo habitada. «Pudimos datar los restos por carbono catorce en Beta Analytics, en Miami», explicó el director de la excavación. El resultado fue «muy interesante porque data la vivienda entre el 361 y el 178 antes de Cristo», es decir, antes de la llegada de los romanos. Hay más localizaciones en el norte español con conchas de múrice, pero Gorgoso cree que esta es la primera vez que se identifica este molusco en Noalla.

La identificación es indiscutible. Todos los huesos y conchas encontradas en el basurero prerromano se enviaron a la Universidad de León, donde un equipo especializado los catalogó. Y Gorgoso no tiene ninguna duda de para qué se usaba esta caracola. «No sirve para comer, solo para obtener púrpura», sostiene y ese tinte, era uno de los más codiciados por las civilizaciones antiguas.

Este arqueólogo no se aventura a hablar de una producción a gran escala en A Lanzada, porque no se han encontrado evidencias, aunque gran parte del yacimiento aún está por excavar. En su opinión, por ahora, indica un uso doméstico, familiar. El cuncheiro facilitó más datos de interés. La alta cifra de espinas de sardinas evidencia que los primeros sanxenxinos eran pescadores y que, en cuanto a ganado, les encantaba el lechón.

Una duna aporta evidencia del cambio climático en la ría al final del Imperio Romano

Lino Gorgoso explica que otra de las conclusiones a las que se llega en esta pequeña excavación en A Lanzada es la evidencia del cambio climático que se dio en los siglos finales del Imperio Romano. Los arqueólogos no se pusieron a excavar y se encontraron ya los restos. Antes tuvieron que profundizar por una duna de un metro de y medio de altura. Es una duna muy antigua, porque la arena se encontraba compactada y no había restos habitacionales en su perfil. Todo da a entrever que la duna se movió desde la costa hacia el interior y tapó las casas. «El yacimiento antiguo está sellado por una duna, que se compactó, no es arena suelta», afirma. Según su interpretación, es una prueba que atestigua el final de una época cálida en la historia, que los especialistas llaman Óptimo Climático Romano. Eso explicaría por qué el múrice vivió durante siglos en las Rías Baixas, porque el Atlántico era más cálido que ahora, y el cambio climático de finales del Imperio lo enfrió, provocando la extinción de esta especie de molusco en Galicia.

El comportamiento de la duna sería otra evidencia. «Lo más interesante de esta excavación es el proceso de la duna, que tuvo que acabar con el poblado, tapándolo con un metro y medio de arena», insiste. En su opinión, la gente se marchó de allí porque no podía luchar contra estos cambios físicos en el entorno. Volvían de vez en cuando para enterramientos en la arena, de los que han encontrado en esta ocasión huesos dispersos de falanges de dedos y una pelvis. No son modernos, pero estaban «muy mal conservados» para datarlos con más exactitud.

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