vigo / la voz

Hoy entra en vigor el plan rector del Parque Nacional de las Islas Atlánticas. Diecisiete años después de la declaración del espacio protegido, el Diario Oficial de Galicia publicó al fin ayer el documento que señala lo que se puede o no hacer en los archipiélagos. Además de establecer los cupos de visitantes, de regular los aprovechamientos pesqueros y de programar las inversiones para la próxima década (a razón de 2,6 millones por año), incorpora como novedad planes de emergencia y autoprotección que deben servir para dar respuesta, entre otras, a catástrofes medioambientales y de gran riesgo como incendios y vertidos.

El plan de emergencia del parque debe incoporar todos los que ya están funcionando de las distintas administraciones competentes (por ejemplo, las islas están catalogadas como prioridad 1 para la Xunta en caso de fuegos) y fijar mecanismos de coordinación entre los ayuntamientos, la Axencia Galega de Emerxencias, Capitania Marítima, Costas del Estado, Vicepresidencia de la Xunta...). Tendrá que contemplar los medios disponibles, los esquemas básicos de operaciones y el coste de su aplicación.

También están previstos planes específicos en las zonas sensibles de las islas. Son las que cuentan con mayor presencia de visitantes en determinadas épocas del año. Se trata de los muelles, los cámping de las Cíes y Ons, el dique de la Lagoa dos Nenos, senderos con determinadas dificultades de acceso y las áreas de baño. Los cupos de visitas a las islas en temporada alta, ya avanzados en su momento, quedan así: un máximo de 1.800 diarios en las Cíes, más 200 para grupos y 600 campistas; 1.300 en Ons, más 200 de grupos y 300 de acampada; y un topo de 250 personas tanto en Sálvora como en Cortegada).

Otra importante novedad que recoge el plan rector el parque nacional, y que está relacionada con el riesgo de incendios, es la elaboración de un banco de germoplasma. Se trata de poner a buen recaudo en algún lugar fuera de los archipiélagos semillas y plantas de especies singulares, a fin de garantizar su supervivencia.

Fuegos nocturnos provocados en 1984 y el chapapote del Prestige en el 2002, las últimas crisis

Ser el espacio con mayor protección por ley de Galicia no garantiza el blindaje ante posibles catástrofes medioambientales. El Parque Nacional de las Islas Atlánticas fue declarado en el 2002 y ese mismo año ya sufrió la pesadilla del chapapote del Prestige. Las manchas del petrolero llegaron hasta la famosa e inmaculada playa de Rodas. Aquellos días se puso de manifiesto que apenas había planes de contingencia (como las barreras anticontaminantes) por parte de las administraciones implicadas para frenar la catástrofe. No solo hicieron falta importantes inversiones para limpiar los archipiélagos, sino que hubo que hacer frente al impacto en especies características en peligro de extinción como los cormoranes.

En cuanto a los incendios, afortunadamente en los últimos años no ha habido que lamentar más que pequeños conatos. Para encontrar la última crisis hay que remontarse a 1984. En septiembre de aquel año hubo que atajar de madrugada varios focos en distintos puntos de las Cíes. Se quemaron 38 hectáreas. Las autoridades todavía luchaban para erradicar el campismo salvaje en las islas.

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Las Islas Atlánticas se dotan de un plan de emergencia ante incendios y vertidos