Pensionista y camello de hachís

Un pontevedrés de 72 años, condenado por dos transacciones de droga en diciembre


Pontevedra / La voz

A sus 72 años, el pontevedrés Felipe S. G. completaba sus ingresos mensuales vendiendo pequeñas cantidades de hachís en el centro de la capital provincial. De este modo, el Juzgado de lo Penal número dos acaba de condenarle a ocho meses de prisión y el pago de una multa de ochenta euros como autor de un delito de tráfico de drogas en la modalidad de sustancias que no causan grave daño a la salud.

Esta pena se sustenta en el operativo que llevó a cabo la Policía Local de Pontevedra a lo largo de diciembre del año pasado. De este modo, los agentes municipales pudieron confirmar cómo, el 9 de diciembre, el sospechoso contactaba con los ocupantes de un Seat Ibiza en la calle Loureiro Crespo. Tras desplazarse a su domicilio y regresar, les entregó una pequeña cantidad de droga que la conductora guardó en le sujetador.

Los investigadores siguieron a la pareja hasta la calle Cruz Roja, donde los interceptaron entregando la mujer el hachís, que fue valorado en 58 euros.

Posteriormente, en vísperas de la Navidad, los policías locales observaron como un conocido de Felipe accedía al domicilio de este, interviniéndole a la salida de la casa media bellota de esta sustancia estupefaciente, así como un trozo de apenas un gramo de resina de hachís. La última de las transacciones con las que se vincula a este pensionista pontevedrés tuvo lugar días antes de que finalizara el año, el 29 de diciembre. En esta ocasión, Felipe recogió a un comprador en su coche y le entregó 4,6 gramos de droga «a cambio de dinero».

A la hora de acreditar estos hechos, el titular del juzgado tuvo muy presente las declaraciones de los agentes de la Policía Local. De este modo, en el caso de la primera de la ventas, rechazó por ilógica la tesis de los compradores de que se desplazaban de Ponte Caldelas a Marín «por el centro de Pontevedra, en lugar de hacerlo por el extrarradio por el nudo de O Pino y desde allí a la autopista y luego a la autovía».

Testimonios creíbles

Más credibilidad le da al testigo al que le intervinieron el hachís en el segundo de los episodios acreditados. Este sostuvo que había adquirido los estupefacientes en Madrid antes de desplazarse a la vivienda del acusado: «Debemos admitir como plausible el hecho de que ya tuviera la droga en su poder antes de entrar en el edificio (...). No es una conclusión ilógica o imposible».

En cuanto a la última de las transacciones, el magistrado la considera probada, toda vez que «las dudas que pueden derivar sobre la visibilidad (...) quedaron despejadas con el testimonio del agente». Relató que la calle tiene desnivel, así como que «las luces de su coche iluminaban el interior del otro vehículo».

La condena apela a la escasa cantidad de droga incautada

A la hora de imponer los ocho meses de prisión a Felipe S. G. por tráfico de drogas, el magistrado alude a la cantidad de estupefaciente intervenido por la Policía Local en las dos transacciones confirmadas. De este modo, señala que se trata de apenas 14,05 gramos de resina de hachís, «una cantidad mínima que entiendo que colma la exigencia de la norma de escasa entidad del hecho».

 

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