«Lloro y me indigno cuando veo que no hay dinero para esta residencia»

María Hermida
maría hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Ramón Leiro

Alfonso pone voz a la desesperación de los padres que luchan para que Pontevedra tenga un centro para discapacitados

11 ene 2019 . Actualizado a las 10:40 h.

Alfonso Pérez no quiere hablar solo de su hija. Dice que su caso, el de un padre mayor y viudo que cuida de una hija con discapacidad, es el de muchas otras familias. Pero lo cierto es que su historia sirve para entender perfectamente la impotencia y tristeza con la que lidian los 200 padres y madres y los propios usuarios de la asociación de discapacidad intelectual Xoán XXIII. ¿Qué les ocurre? Lo cuenta perfectamente Alfonso Pérez: «Lloro y me indigno cuando veo que no hay dinero público para terminar la residencia que Xoán XXIII está construyendo, para acabar con el drama de que Pontevedra capital no cuente con ninguna residencia para personas con discapacidad. Porque ahora mismo nuestros hijos se tienen que ir fuera, a Redondela, Vigo o donde sea, a que los cuiden personas que no conocen. Y eso es terrible, es un desarraigo total para ellos y para nosotros. Por eso lloro», dice. Luego, desenrolla una hoja de libreta con anotaciones a boli y espeta: «Aquí he anotado el dinero que gasta, por ejemplo la Diputación, en campos de fútbol, . ¿De verdad eso es más urgente que esto? Yo no lo veo así».

Alfonso, directivo de Xoán XXIII, una asociación a la que su hija lleva ligada desde hace casi cuarenta años, cuenta su día a día para que se vea cuál es la realidad «de tantas y tantas familias». Empieza con una pregunta: «¿Tú sabes cuántas veces nos preguntamos, los padres de estas personas dependientes, qué va a pasar con nuestros hijos cuando nosotros nos muramos. Nos lo preguntamos todos los días. No solo yo, todos». A él esa pregunta le empezó a perseguir sobre todo hace dieciséis años. Enviudó y quedó en solitario a cargo de Mari Pili, que ahora tiene 48 años. «Mi mujer era el gran pilar para mi hija y para todos nosotros. De repente tuvimos que convivir los dos solos y yo comenzar a ayudarle a ducharle, a levantarme con ella cada noche porque no puede dormir... A hacerlo todo. Estoy feliz pero tengo mucho miedo al día de mañana. En Pontevedra no hay ninguna residencia para personas con discapacidad y yo no quiero que mi hija se vaya fuera. Lleva cuarenta años asistiendo cada día a Xoán XXIII, es su familia. ¿Por qué se tiene que marchar?».

El rayo de esperanza

Alfonso reconoce que un rayo de esperanza se asomó a su vida cuando vio que, por fin, Xoán XXIII empezaba a construir la residencia. Cada paso de las obras eran un canto a la esperanza. Pero cuando fue comprobando que únicamente contaban con fondos propios, con los ahorros de la propia entidad y un par de subvenciones de Ence -un total de 120.000 euros- su esperanza se fue transformando en impotencia, en tristeza y, cómo no, en cabreo. Ahora, que el edificio está a medio construir pero no hay dinero para seguir adelante ni para el mobiliario, está indignado.

Critica a todas las Administraciones. De la Xunta dice que siguen esperando a que de una vez por todas les dé una subvención. Del Concello señala que estuvo bien la cesión del terreno pero que «a partir de ahí no hubo nada más». Y a la Diputación le recrimina que no tenga una línea de subvenciones para socorrerles. Su conclusión, es clara: «El día que vea listo este edificio seré el hombre más feliz».