Roba un coche, se estrella y sus compinches lo dejan tirado

El pontevedrés identificó, ya en el hospital, a los huidos


pontevedra / la voz

Eso de que los ladrones son gente honrada, en muchas ocasiones, no deja de ser papel mojado, un tópico sin fundamento, tal y como han podido comprobar en los últimos días en la Audiencia de Pontevedra, donde se estudió una historia de traiciones protagonizada por tres conocidos rateros. Estos, en la noche del 13 al 14 de julio del año 2015, se pusieron de acuerdo para sustraer un vehículo marca Opel y del modelo Kadett, que se encontraba estacionado en el casco urbano capitalino.

Para consumar el robo, no dudaron en doblar el marco de una de las puertas mediante un método de palanca y, de este modo, acceder al seguro para abrirla. Una vez dentro, fracturaron «la barra del sistema antirrobo que tenía instalada el vehículo uniendo el volante con la palanca de cambio de marchas» para, acto seguido, realizar un puente y encender el motor.

Al volante del coche robado se colocó uno de los acusados, curiosamente, el que carecía de permiso de conducir vehículos a motor «por no haberlo obtenido nunca», una conducta por la que había sido ya condenado apenas unos meses antes.

Tras circular durante un trayecto indeterminado, al hilo de las dos y cuarto de la madrugada, el conductor perdió el control del vehículo cuando transitaba por la carretera PO-224. El Opel sufrió una salida de vía colisionando contra un muro de piedra en las inmediaciones del embalse de Pontillón de Castro, en la parroquia pontevedresa de Verducido.

El pontevedrés vio entonces cómo sus compinches lo dejaban a su suerte al emprender la huida a la carrera para evitar ser interceptados por las fuerzas del orden. Herido, solo le quedó esperar a que se personaran los servicios sanitarios, que lo derivaron al hospital.

La vista oral

Ya en el centro médico, este último tuvo ocasión de cobrarse venganza al reconocer a sus acompañantes ante los investigadores policiales que se desplazaron para tomarle declaración. En este sentido, la sentencia dictada ahora por parte de la Audiencia Provincial de Pontevedra recoge que este identificó al conductor, el cual también había resultado «herido y consta que fue atendido por sufrir lesiones». Esta identificación, a la que se sumó el tercero en discordia en el juicio, la mantuvo también durante la vista oral.

Como consecuencia de estos hechos, mientras a sus dos compinches le cayeron apenas unos días de trabajo en beneficio de la comunidad, el conductor fue condenado al pago de una multa de 630 euros por un robo con fuerza de uso de vehículo a motor y cuatro meses y quince días de prisión por un delito de conducción sin permiso. Los tres tendrán que indemnizar al propietario por los daños causados al turismo, 196 euros.

Se trata de un triste consuelo, ya que el Opel fue declarado siniestro total como consecuencia del accidente y su titular tuvo que adquirir un nuevo coche por importe de 14.000 euros.

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