La cofradía alerta de accidentes por el deterioro del paso de la autovía

Las mariscadoras resbalan al usar un puente de tablas desencajadas y clavos a la vista

La cofradía alerta de accidentes por el deterioro del paso de la autovía Las mariscadoras resbalan al usar el puente de tablas desencajadas y clavos a la vista

PONTEVEDRA

El paso elevado sobre la autovía de Marín y que sirve de tránsito forzoso para cientos de mariscadores de a pie de Os Praceres reclama, a gritos, una reparación integral. Solo hay que acercarse a esta estructura para comprobar su deterioro y, por esta razón y la frecuencia de tropezones y de pequeñas caídas, la cofradía de pescadores de Lourizán ha reclamado a Fomento, titular de la carretera, que lo repare cuanto antes. La patrona mayor, María del Carmen Vázquez, se hace eco, de esta forma, de las quejas de sus compañeros del pósito. Temen que cualquier día se produzca un accidente grave que podría evitarse con una intervención integral en el puente. «La gente se asustó por lo del Marisquiño y tienen miedo de que algún día se caiga alguien aquí», recalca a la par que exige a la Administración una mayor responsabilidad en la conservación de este puente.

Vázquez no se anda por las ramas a la hora de expresar la indignación y malestar del colectivo que preside. Quiere que la Administración central actúe ya. «Volvemos a reivindicar el arreglo del paso y no nos conformamos con el apaño de la otra vez [se refiere a hace un año] cuando quisieron arreglar el problema con cuatro puntas y un tablero, porque la pasarela está muy mal», argumentó.

Este paso elevado se construyó para que las mariscadoras pudiesen acceder con seguridad desde Os Praceres a la playa sin tener que sortear la autovía o dar el largo rodeo por el cabo. También lo usan vecinos para comunicarse entre ambas partes de Os Praceres. Sin embargo, el paso de los años y la climatología adversa han acelerado el deterioro de la estructura. Una inspección ocular revela tablas sueltas y desencajadas, puntas a la vista o que faltan y una barandilla conformada por piezas irregulares, con maderas que se han salido de sitio. Ahora con la lluvia, se añade un suelo resbaladizo propio de una pista de patinaje.

La firmeza de las propias tablas tampoco le da mucha confianza a los usuarios. Muchos travesaños tienen un aspecto endeble y la cofradía avisa de que podrían ceder ante el peso de la gente.

Para Vázquez, esta situación no es una broma y señala que ya se están produciendo pequeños incidentes. Avisa de que podrían ir a más. «Sé de dos personas que hace poco se cayeron en la pasarela, porque al bajar se resbala con las botas y hay que ir con mucho cuidado porque al estar tan mal la madera los tropezones son fáciles», manifestó la patrona mayor. «Si cualquier día pasa algo, ¿qué hacemos?», se pregunta la dirigente del pósito, que recalca que hay «mucha gente que emplea el puente cada día».

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