El banco de alimentos se ve abocado a reducir su reparto por falta de víveres

Necesita urgentemente leche, aceite, cacao o galletas para poder seguir ayudando


pontevedra / la voz

En el mes de agosto, cuando cerraron durante un mes, desde el banco de alimentos de Pontevedra se lanzó una advertencia: las existencias de víveres básicos eran pocas y, por tanto, se corría el peligro de no poder hacer el reparto habitual de septiembre. Cabe recordar que esta entidad, ubicada en la calle Faustino Santalices, no entrega comida directamente a los ciudadanos, sino que se la da a otras entidades, como Cáritas o los comedores sociales, para que a su vez ayuden a las familias necesitadas. El caso es que, a raíz de su petición de auxilio veraniega, en septiembre lograron remontar el vuelo y tanto ese mes como en octubre lograron repartir, por ejemplo, los 5.700 litros de leche que necesitan las 42 agrupaciones que dependen del banco pontevedrés. Pero ahora la carestía vuelve a ser total. Si no hay donaciones importantes a muy corto plazo, los voluntarios del banco se verán obligados a reducir drásticamente el reparto. De hecho, con pena e impotencia, ya le están avisando de ello a los colectivos del norte de la provincia que vienen a recoger la comida.

José Luis Doval es el responsable del banco de alimentos pontevedrés. Señala que no deja de hacer gestiones para intentar abastecerse de víveres básicos, como leche, aceite, cacao o galletas. Pero que últimamente los números no dan. Ahora mismo cuentan con unos 2.300 litros de leche, cuando se necesitan los citados 5.700 litros para el reparto mensual. Con el aceite pasa algo similar. Lo normal es repartir 600 y en las estanterías hay ahora mismo 100. Por tanto, o aparecen donaciones, o el reparto de principios de noviembre tendrá que recortarse. «La mayoría de las donaciones se recogen en la operación Kilo de Navidad, pero cada año llegamos peor a diciembre. Lo cierto es que ahora mismo estamos muy mal. Da mucha pena porque son alimentos que hacen mucha falta», dice Doval.

Jurel y anchoa

Afortunadamente, sí hay algo que podrán repartir en noviembre. A cuenta de un decomiso efectuado por Vigilancia Aduanera, el banco cuenta actualmente con 1.200 kilos de pescado congelado. Hay jurel y anchoa. «Menos mal que podemos repartir este pescado, que también es algo que nos piden mucho. Lo ideal sería combinarlo con los víveres más básicos, necesitamos mucha leche y galletas, sobre todo, para las familias con niños. Y el aceite es algo imprescindible porque de nada vale tener los alimentos si luego no se pueden preparar», señala Doval. Desde el banco pontevedrés -que es una delegación que depende del de Vigo- se reparte comida para 42 entidades. Algunas son de Pontevedra, como Calor y Café o Cáritas de Santa María y San Bartolomé y otras colectivos tanto de la comarca de Deza como de O Salnés.

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