Cómo intentar no coger billete hacia ese destino maldito llamado demencia

El neurólogo José Ramón Rodríguez dio consejos para prevenir el deterioro cognitivo


pontevedra / la voz

Si se hiciese una encuesta entre la población sobre palabras malditas, sobre términos que nos ponen la piel de gallina, sin duda alguna, una de ellas sería demencia. O alzhéimer. Todos tenemos miedo a olvidarnos de quienes somos. Ese miedo a veces nos hace reaccionar. E informarnos, como ocurrió ayer con quienes abarrotaron el auditorio de A Fundación para escuchar al neurólogo José Ramón Rodríguez, que abordó este asunto que tanto preocupa de la mejor de las maneras: con tranquilidad y pinceladas de humor, haciendo deliciosas metáforas para entender qué es lo que ocurre en el cerebro cuando la memoria empieza a desaparecer. Se explicó mucho y bien. Pero el respetable se quedó con tantas ganas de más que lo acabó cosiendo a preguntas.

El doctor Rodríguez explicó primero qué es lo que pasa en el cerebro. Utilizó la imagen de una ciudad llena de vida, con luces de neón y ajetreo para hablar del cerebro sano, en el que pasan todas esas mismas cosas que en una urbe viva. Puso luego la imagen de una ciudad a medio gas, en la que cierran comercios y los vecinos van marchándose. Así, dijo, está el cerebro cuando comienza el deterioro cognitivo. La tercera imagen fue devastadora. Puso la fotografía de una urbe tomada por la basura, sin orden ni concierto, en la que nadie querría vivir. Así sería, dijo el neurólogo, un cerebro con demencia, lleno de residuos -proteínas que el cerebro no logra destruir- y desordenado.

Explicó también que el alzhéimer es la forma más habitual de llegar a la demencia. Pero no la única. Y, sobre todo, fue muy explícito en qué factores pueden favorecer el deterioro cognitivo y cuáles pueden protegernos. En la parte negativa, las enfermedades cardiovasculares, la depresión o el estrés. En cuanto a lo que se puede hacer para evitar ese viaje hacia la ciudad maldita, a la demencia, también lo dejó claro: «Hay componentes hereditarios, genéticos, familias con predisposición a demencia, pero no es lo más habitual. Con una vida saludable, con ejercicio físico aeróbico, con dieta mediterránea, sin estrés, con actividad intelectual y relaciones sociales se puede favorecer que no haya demencia o que al menos se retrase su aparición», manifestó.

Dijo que por ahora los tratamientos no son exitosos en cuanto a curar, pero dejó abierta la puerta a la esperanza. Dibujó un futuro en el que pueda haber portadores de alzhéimer que, sin embargo, no lleguen a sufrir las consecuencias que actualmente origina esa enfermedad.

Las faltas de atención

Intentó aportar tranquilidad también a la hora de analizar nuestros despistes y olvidos. Indicó que en muchas ocasiones se deben a faltas de atención, de concentración y no a una demencia. Y se puso como ejemplo a él mismo: «Hoy tenía que dar la charla, estaba tan centrado en esto que me olvidé las llaves y alguna otra cosa. Es algo normal».

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