Pontevedra volvió a la infancia con una colorida Batalla de Flores

Los más pequeños disfrutaron de una entretenida fiesta congregó en las calles del centro a gente de todas las edades el pasado viernes

s.b.

Al principio parecía que costase arrancar. Las carrozas comenzaron a desfilar por Loureiro Crespo con un poco de retraso ante las caras de impaciencia y los primeros gritos de la tarde. Lo cierto es que, una vez pasaron las primeras, costaba también arrancar a bailar a los niños dispuestos en las primeras filas tras las vallas. «No bailéis tanto» comentaba irónico uno de los malabaristas al acercarse a las aceras llenas de gente. Costó, pero con el paso de las caravanas animadas más y más pequeños comenzaron a sentirse cómodos y a dejarse llevar por un espectáculo pensado para ellos. Aunque no eran los únicos que poblaban las calles del centro. Lógicamente, la mayoría iban acompañados de sus padres y/o abuelos que hacían todo lo posible por que sus pequeños lo pasasen en grande. Sin embargo, no todo eran estampas familiares, ya que algún visitante, aunque algo perdido y sorprendido por el evento, se arrancaba a bailar con el sonido de las primeras gaitas y tambores que acompañaban a las carrozas. «O caso é pasalo ben» que decía una señora que asistía a la escena.

Con la brisa formada en las calles aledañas al Hospital Provincial se formaba una especie de remolino que hacía que todo el confeti esparcido por las calles revolotease por las cabezas de los asistentes y lo inundase todo. El ambiente estaba servido.

Los niños siempre buscan caras conocidas, identificar aquello que conocen y que les llama la atención.

Así fue como las carrozas con personajes de las películas de Cars y Coco, de Pixar, fuesen las más aclamadas por los pequeños y las más grabadas por los padres «para no perder detalle». Al grito de «aquí, aquí», todos reclamaban la atención de las carrozas para que lanzasen un saludo y las serpentinas hacia ellos. Y con algo tan sencillo se conseguían arrancar las primeras sonrisas de la tarde.

Atronadores tambores

Sin embargo, los había más reacios a la fiesta y el paso de los vikingos con sus atronadores tambores y bailes hizo que alguno escondiese la cabeza entre los brazos de sus padres. Al final de todo, como si de una montaña rusa de emociones se tratase, pasaban otras carrozas y seguía la fiesta. Otro de los personajes que más maravillaba a los niños eran los animales gigantes hecho de globos. Tanto Jake el perro de Hora de Aventuras, de un llamativo color amarillo y de grandes dimensiones, como un alargado dragón verde, provocaban reacciones de sorpresa entre la multitud.

Lo que estaba claro era que la diversión era la premisa principal. La música lograba que la gente no desconectase, bien fuese tradicional de la mano de bandas de música de la provincia, bien con los temas más sonados en las radios nacionales.

Una vez más, la Batalla de Flores de Pontevedra fue un éxito. Tanto niños como adultos, disfrutaron de una de las citas fijas de las fiestas.

Diversión para todos. Las calles por las que discurrió la Batalla de Flores estaban abarrotadas de público de todas las edades que acabó contagiándose del colorido y la fiesta de los grupos de animación participantes.

Diversión para todos. Las calles por las que discurrió la Batalla de Flores estaban abarrotadas de público de todas las edades que acabó contagiándose del colorido y la fiesta de los grupos de animación participantes.

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Diversión para todos. Las calles por las que discurrió la Batalla de Flores estaban abarrotadas de público de todas las edades que acabó contagiándose del colorido y la fiesta de los grupos de animación participantes.

Diversión para todos. Las calles por las que discurrió la Batalla de Flores estaban abarrotadas de público de todas las edades que acabó contagiándose del colorido y la fiesta de los grupos de animación participantes.

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