Un socio del club cannábico: «No soy fumador de porros, ingiero marihuana»

Miembros de Casa María inciden en el carácter terapéutico de la asociación


Pontevedra / La voz

Aseguró que con la fundación del club cannábico Casa María su vida mejoró en un doscientos por cien. Diagnosticado desde niño de hiperactividad y déficit de atención, la fundación de este colectivo le evitó tener que abastecerse en el mercado negro: «De entrada, no tengo necesidad de acudir al trapicheo», señaló en el juicio que se está desarrollando en la Audiencia Provincial.

«No soy fumador de porros, ingiero marihuana», aseguró, para, acto seguido, explicar que no consume la marihuana mezclada con tabaco, ya que lo que busca es un efecto terapéutico. En este sentido, señaló que, si bien su médico no le puede prescribir el consumo de este estupefaciente, «de palabra me dice que siga haciendo lo que estoy haciendo», al tiempo que dejó que claro que los medicamentos que le recetaron no le beneficiaron en absoluto.

En la actualidad, este pontevedrés se dedica a ofrecer charlas sobre los efectos de la marihuana, a muchas de las cuales acuden padres de adolescentes. Lo cierto es que en la vista oral que se sigue contra dos de los fundadores de Casa María y un socio de este colectivo se escucharon testimonios en esta misma línea y que ahondaban en la tesis de que en el club se potencia más la vertiente terapéutica del consumo de la marihuana, que la lúdica.

Precisaron que todos los miembros del colectivo -llegó tener cerca de 130 socios- participaban en las labores de cultivo de la marihuana, una circunstancia que llevó a uno de ellos a señalar al tribunal: «No entiendo que no estemos todos, no hacían nada -en referencia a los tres encausados- que no hiciéramos todos».

De igual modo, insistieron en que el acceso al interior del club era restringido, que los cultivos se encontraban en la segunda planta del inmueble inaccesibles a personas que no fueran miembros de la asociación y que no estaba autorizado el consumo en el exterior del inmueble. De hecho, varios testigos insistieron en que los propios estatutos establecían que esta última circunstancia podría ser motivo de expulsión.

Asimismo, precisaron que antes de ser aceptados como socios, cada aspirante tenía que recibir una charla informativa sobre el funcionamiento del club, las sentencias referidas a otras asociaciones similares a las de Pontevedra y las obligaciones que contraían en el seno de Casa María. Lo cierto es que las labores que cada socio tenía que realizar se consignaban en una pizarra.

Ya entonces se establecía la cantidad de droga que previsiblemente iba a consumir cada miembro, una cifra que no siempre se lograba alcanzar, por lo que, en ocasiones, se tenía que repartir la producción como mejor les fuese. Asimismo, remarcaron que la actividad no se limitaba al cultivo de marihuana, sino que se impartieron charlas y se realizaron distintos talleres centrados, muchos de ellos, en el consumo terapéutico.

«Me daba tranquilidad sobre lo que estaba consumiendo», precisó una pontevedresa aludiendo, de esta manera, a que en el mercado negro desconoce cómo ha sido cultivada y tratada la droga que se puede adquirir, con los riesgos a mayores que esto conlleva.

Informe de la defensa

Esta penúltima jornada de juicio concluyó con la intervención de un perito que realizó un informe a petición de las defensas y que concluyó incidiendo en la bajísima concentración de THC -principal psicoactivo del cannabis- de las plantas intervenidas en los registros de Casa María. «Si no hay porcentaje de THC, la planta no es fiscalizable», remarcó antes de recordar que «la Unión Europea da ayudas a cultivadores de cannabis, siempre que [las plantas] no sean fiscalizables».

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