«Le tocó a dos o tres de aquí, estoy convencida», asegura la lotera que repartió 783.000 euros

La estanquera de Lourido lleva treinta años con el negocio


poio / la voz

Rosa Rey, estanquera de Lourido, es de esas personas que ahora mismo vale más por lo que calla que por lo que cuenta. Conversando con ella queda bastante claro que o sabe quienes son los ganadores del premio de 783.000 euros de la primitiva que repartió el sábado o al menos lo intuye. Pero ella tira de prudencia y solamente dice: «Le tocó a dos o tres de aquí, estoy convencida». Cuenta entre risas que en la tarde del domingo viajó hasta Campelo y que cada vez que se acercaba a saludar a alguien se disparaban los rumores sobre si la persona con la que hablaba era el afortunado. Reconoce que también se habló de que le había tocado a ella misma o a su familia, e indica: «Ojalá, pero no. Si me tocase no estaba yo detrás del mostrador hoy [por ayer] desde primera hora de la mañana».

Rosa es veterana en el asunto del estanco, con el que lleva tres décadas. También tuvo un negocio hostelero en Lourido y crio a cuatro hijos. Cuenta con pesar que se quedó viuda hace cinco años y que entonces le tocó tirar sola de los negocios. Ahora peina los 67 años y le gustaría enfilar la jubilación, pero una hipoteca todavía la mantiene activa. Se ríe al hablar del dinero, y dice: «Muchos clientes siempre me decían que si les daba un premio me pagaban la hipoteca y me jubilaban... a ver si todavía voy a tener suerte», indica con retranca. Luego, añade: «O por lo menos que me toque una mariscada».

De momento, según lo que dice, no ha pasado por el estanco el ganador, que ella cree que en realidad son varias personas. ¿Cuánto jugaron para ganar un premio de 783.000 euros? «Se gastaron doce euros, porque era una apuesta semanal, tanto para el jueves como para el sábado», explica esta vendedora.

Habla del premio y se le emociona la voz. Reconoce que había repartido dinero en pesetas. Pero tenía miedo a jubilarse sin haber dado un buen pellizco en euros. El sábado se terminó ese mal augurio. Está contenta por los ganadores, por su negocio y porque así ya no se podrán meter con ella los clientes: «Me chinchaban mucho con que no daba premios», indica. Ayer, el efecto de la primitiva premiada se notó en las ventas. Por la mañana hubo más ajetreo de lo normal en el estanco de Rosa, ubicado en la avenida de la Playa. Ahora, como dice ella, a ver si dura.

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