El sanador de las promesas

El médico del CGTD lleva 25 años cuidando la salud de los deportistas del futuro


pontevedra / LA Voz

La salud y el alto rendimiento deportivo caminan por una delgada línea que debe mantenerse siempre en un perfecto equilibrio. Quien lucha detrás de la élite gallega para que eso se cumpla es Fernando Huelin, médico del Centro Galego de Tecnificación Deportiva (CGTD) que tiene en sus manos la salud de 160 becados, muchos de ellos con apenas 14 años. Es su médico de cabecera, pero sobre todo es su médico deportivo. A él acuden cuando les duele la garganta o tienen fiebre, pero principalmente se encarga de conocer a fondo sus capacidades físicas para la competición y determinar sus aptitudes. El que triunfen ya será cosa del esfuerzo, él solo constata sus aptitudes.

«Nosotros hacemos reconocimiento de salud, tienen que tener aptitud deportiva, es decir, que sea apto para un esfuerzo de alta intensidad», explica Huelin en su despacho, que se encuentra sobre el gimnasio en el que los atletas apuran sus ejercicios en la mañana del viernes. Ese examen exhaustivo que se realiza cada inicio de curso supone una antropometría, un exploración física y una prueba de esfuerzo, que dará el billete para conseguir la beca. A veces, tras ese control se detecta alguien con unas capacidades sobrenaturales, un adolescente fuera de serie, que puede estar en la élite deportiva, como ocurrió con David Cal o Teresa Portela, dos deportistas, que Huelín ha tratado desde que llegaron al centro siendo unos chavales. «Cuando me entregan a un niño y ves unos niveles de fuera de serie, entra, pero hacer de él un deportista necesita una media de siete años», explica Huelín, que reconoce que las capacidades físicas no dan solo el éxito, la cabeza juega después el papel determinante para llevarlos al triunfo. «A lo mejor, de todos los chavales que hay aquí pueden llegar a vivir del deporte solo cinco», explica el doctor, que advierte de que la intención del centro de tecnificación es, por encima de todo, «hacer personas». Si no aprueban, se van para su casa, aunque apunten al triunfo.

Una vida de deporte

Fernando Huelin lleva 25 años comprobando la salud de la élite, a un año de la jubilación parcial, trabaja junto a una enfermera y una fisioterapeuta en un servicio médico que «no es suficiente». En estos años han pasado por sus manos miles de promesas, pero todavía le sorprende que se siga con los mismos medios que el primer día en un centro del que han salido generaciones de kayakistas laureados en todo el mundo. «Conseguir tanto rendimiento, entendiendo esto como medallas, con tan poco gasto es muy meritorio», explica el doctor, que observa que los deportistas de hoy y de ayer tienen el mismo nivel de implicación. Solo ha detectado una diferencia que enlaza con la primera línea de este texto, se están detectando casos de obesidad. Cualquiera se preguntaría cómo puede pasar, pero pone un ejemplo muy claro. Si una mujer luchadora tiene que competir en 70 kilos para optar a medalla y mide 1,60 metros con 14 años, está apta para competir, pero ¿y la salud? Es en ese punto donde se desequilibra esa balanza de salud y deporte. En la mano de Huelín está ese control, especialmente en los deportes de combate, donde a veces tiene que poner freno a la intención de que algún joven tenga que modificar su peso. «Son adolescentes y por mucho que tenga que competir en 53 kilos, si pesa 58 no autorizo esa bajada», explica. Se encarga de diseñar los menús del centro de tecnificación. «Nadie puede hacer una dieta especial si no lo autorizo yo», concluye, no sin advertir que intentar enseñar a los adolescentes a comer es una tarea tan vital como compleja. «Dentro de la salud, la nutrición es una parte importantísima para el rendimiento deportivo», indica.

Su trabajo tiene una cara amable, pero una más dura que es tratar las lesiones que pueden frustrar la vida de una promesa. Aunque lo habitual son dolencias por sobreutilización, especialmente en piragüistas, hay otras patologías que obligan al deportista a abandonar el centro. El médico y el entrenador suelen ser los encargados de comunicar al deportista y a sus padres que no puede seguir becados. Tragos difíciles que son un palo duro que no todos los deportistas saben asumir y donde Fernando Huelin constata una falta de norma donde apoyarse.

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