Los ciclistas aguardan sentencias ejemplares

La celebración del Día Mundial de la Bicicleta reactiva la reclamación de más seguridad y refresca el recuerdo de los casos con víctimas mortales pendientes de juicio


Acaba de celebrarse, como cada 19 de abril, el Día Mundial de la Bicicleta. El origen de la fecha elegida para tal efemérides tiene muy poco de deportivo y probablemente, viendo lo que pasa en nuestras carreteras con decenas de ciclistas atropellados, hasta podría pensarse que resulta profundamente desafortunado. La cuestión es que un 19 de abril de 1943, el químico suizo Albert Hoffmann decidió ingerir una cierta dosis de dietilamida de ácido lisérgico que estaba investigando, para auto-experimentar los efectos del que hoy en día conocemos como LSD. Dado que eran tiempos de posguerra y restricciones, no había otro medio de transporte que no fuera la bicicleta. Hoffmann regresó a su domicilio pedaleando bajo los efectos del ácido escoltado por su ayudante de laboratorio, que fue testigo directo del viaje que el científico tuvo al descubrir en sí mismo lo que causa un psicoactivo tan potente.

Con semejante precedente fue como en 1985 un profesor universitario norteamericano, Thomas B. Roberts, propuso desde Illinois la primera celebración del Día Mundial de la Bicicleta, tomando como pretexto aquella experiencia iniciática de Hoffmann. Lo que comenzó como un evento local se propagó por las redes sociales hasta alcanzar la magnitud que tiene hoy en día, tanto en España como en medio mundo.

Transversalidad de la bici

Hoy domingo, Pedaladas, el colectivo ciclista más proactivo de Pontevedra, celebraba una salida cicloturista en familia con un recorrido de 11 kilómetros al Pazo de Lourizán. En días anteriores las caravanas Ao Insti en Bici o una marcha cicloturista de noche entre la Plaza de España y el Monasterio de San Benito de Lérez. Todo un símbolo de la transversalidad que ha adquirido el uso de la bicicleta entre generaciones sin importar edad o condición física. Y de paso, agrego, me parece un homenaje a quienes hace más de treinta años como José Antonio Rodríguez Mouriño, Pepe California, recientemente fallecido, pusieron los mimbres con iniciativas como las Rutas Cicloturistas del Románico.

Aquella simiente germinó. Según determinó el Barómetro de la Bicicleta publicado en el 2017 por la Dirección General de Tráfico (DGT), la mitad de los españoles comprendidos entre 12 y 79 años, es decir 19 millones de personas, la utilizan con cierta frecuencia y una cuarta parte de ellos (algo más de 8 millones de personas) una vez por semana.

En Pontevedra, la bici es utilizada más como práctica lúdico-deportiva que como medio de transporte habitual a pesar de las excelentes condiciones que ofrece el modelo de ciudad. Aún estamos a años luz de Ámsterdam. Y además debería civilizarse ese uso en ciudad. Esa asignatura pendiente que catean muchos usuarios de la bici que incumplen el Reglamento General de Circulación, lo que ha motivado un incremento del 50 % de multas a ciclistas, según confirmó la Jefatura Provincial de Tráfico. Un comportamiento incívico de parte de un colectivo que, precisamente, exige el civismo de los demás usuarios de la vía para con ellos.

Juicios pendientes

Precisamente Pedaladas participó en Santiago el jueves pasado con otros colectivos ciclistas en una reunión con los grupos políticos del Parlamento de Galicia para repasar el estado de la seguridad vial, de modo particular en carreteras de titularidad autonómica en las que se han producido algunos de los arrollamientos a ciclistas más graves de los últimos años. Se comprometen más actuaciones administrativas mientras también se aguarda por el desenlace judicial de los casos más graves ocurridos en los dos últimos años.

En breve la Audiencia Provincial señalará la celebración del juicio por el arrollamiento de un pelotón de ciclistas en Oia, ocurrido el 12 de marzo del 2016. El grupo pedaleaba por la carretera entre Baiona y A Guarda, cuando un conductor no respetó la distancia de seguridad y circulando en línea recta derribó uno a uno, como si fueran fichas de dominó, a once ciclistas. José Antonio Casas murió en el acto. Meses después, Diego Freiría también falleció por las gravísimas lesiones sufridas. Los restantes arrastrarán secuelas de por vida y en un caso como el profesor José Antonio Vilán, una incapacidad permanente absoluta.

El autor del atropello, que tenía 87 años en la fecha de los hechos, será acusado además de omisión del deber de socorro, pues continuó la marcha hasta un bar del que era habitual y donde confesó lo ocurrido. Tanto este juicio como el que habrá de seguirse contra el conductor de 82 años que provocó con una maniobra de cambio de sentido la muerte de Jorge Vázquez en Covelo-Samieira (9 de abril del 2017) y por tanto también pendiente de procesamiento por homicidio imprudente, suscitan gran expectación por la alarma social que causaron ambos sucesos.

Otra derivada que se desprendió por la implicación de conductores tan mayores en accidentes con ciclistas fue la investigación a centros donde se realizan los psicotécnicos para la renovación del carné de conducir ante la fundada sospecha de que había mucho coladero. Cinco establecimientos de la provincia de Pontevedra fueron acusados por la Fiscalía por un presunto delito de falsedad en documento oficial ya que no habrían observado el rigor necesario en las pruebas.El colectivo ciclista aguarda, con razón, sentencias ejemplarizantes en unos y otros casos.

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