Cómo degustar lamprea bajo una lluvia torrencial

Cesures se sobrepuso al mal tiempo para dar cuenta de un manjar digno de históricos banquetes reales


vilagarcía / la voz

Si lo que cuentan la crónicas se ajusta a la realidad, la reina británica Isabel II la degustó en forma de pastel en su cena de coronación. Seis siglos antes, Eduardo I de Inglaterra se metía tal enchenta del antediluviano pescado fluvial que acabó feneciendo de un empacho. Cunqueiro la veía inmortalizada, como timbal, en los capiteles del Pazo de Xelmírez. Esto de la lamprea, ya se sabe, es cuestión de gustos. A orillas del Ulla no faltan entregados comensales, capaces de enfrentarse a una lluvia torrencial para menear el bigote en la zona portuaria de Pontecesures, sin faltar a su cita anual con uno de sus platos favoritos. Cierto, hermosa a la vista no es. Pero como demuestra una de las imágenes que acompañan estas líneas, hasta los más pequeños son capaces de verle el lado atractivo. José Antonio Rivera, el afamado Chef Rivera de la orilla coruñesa, ejerció como pregonero. Pocos discursos como el suyo animarán a los jóvenes cocineros a probar suerte más allá de la clásica preparación a la bordelesa. Él mismo les dio a probar sus croquetas, su risotto, su hamburguesa o su ensalada templada con foie a los miembros del prestigioso Basque Culinary Center de San Sebastián. Dice el alcalde, José Manuel Vidal Seage, que la lamprea es una forma de vivir el río. Y de comérselo, habría que añadir.

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