«Cada vez que vén o carteiro teño a alma en vilo»

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pontevedra / la voz

La historia de Montse y su marido o de Esther y su pareja tienen un punto inicial en común: en ambos casos vivían de alquiler y quisieron cortar con el gasto mensual construyendo una casa. Lo hicieron, tal y como reconocen, sin pedir licencia de obra, guiados por el hecho de que en las aldeas de Vilaboa donde ellos pretendían vivir había muchos otros inmuebles en igual situación y con la esperanza, además, de que en cuanto se aprobase el plan xeral tantas veces prometido enseguida sus construcciones se legalizarían. Vamos, que construyeron en suelo rústico: Montse en Postemirón y Esther en A Graña. En ambos casos, no solo recibieron visita de la APLU con el expediente de demolición en la mano, sino que estas propietarias fueron denunciadas por delitos ecológicos o contra la ordenación del territorio. Les piden penas de cárcel. ¿Cómo se vive con esa acusación encima y con la amenaza de que tu casa, el hogar de tus hijos, pueda ser pasto de la piqueta? Lo cuentan.

La casa de Esther está en medio de Postemirón, en una aldea en la que hay varias viviendas en construcción. La suya no tiene tejado y tampoco la primera planta está rematada. De hecho, ya desde fuera se nota que lo único habitable es lo que en principio iba a ser el garaje. «Cando casamos, hai dez anos, metémonos aquí sin que tivésemos os chans colocados nin nada. A idea era vivir primeiro no baixo e despois facer a primeira planta e deixar o baixo para garaxe e así. Pero cando tiñamos a estrutura feita chegou a APLU e díxonos que iamos ter que tirar todo. Entón xa non fixemos nada máis... e aquí quedamos, vivindo no garaxe». Montse es consciente de que no pidieron licencia de obra. Pero también siente impotencia porque en la APLU le demostraron que tenían fotos de la obra que hizo desde el primer día: «¿Por que non nos avisaron antes, por que nos deixaron que foramos facendo?», dice. Tiene una hija de tres años y no se imagina su futuro si finalmente su vivienda cae: «Non sei onde iremos se temos que saír de aquí, cada vez que vén o carteiro teño a alma en vilo», confiesa.

Esther y Uxío construyeron como ella, sin licencia y con la esperanza del PXOM, en A Graña. Levantaron una casa de bioconstrucción, de madera y paredes de barro de Buño. Tienen una huerta ecológica y la suya es una apuesta fuerte por vivir en el rural. Uxío tiene esperanza: «Ogallá non nola tiren», remacha.

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«Cada vez que vén o carteiro teño a alma en vilo»