Viviendas restauradas para acoger enfermos llevan un lustro sin uso

Pertenecen a la asociación Alba, que no puede abrirlas por falta de financiación

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pontevedra / la voz

La Asociación Alba de Familiares y Amigos de Personas con Enfermedad Mental se convirtió en toda una pionera en el año 2000. No en vano, fue el primer colectivo de familias de afectados por trastornos mentales severos que logró abrir un piso protegido dependiente de la entidad. Lo hizo con financiación del Concello, del Sergas y de la propia asociación. Entraron a vivir cinco hombres. Y se comprobó enseguida que se trataba de una medida más que eficaz. No en vano, los usuarios, en muchos casos, reducen sus ingresos hospitalarios y el Sergas rebaja también los costes que estos enfermos le suponen. Así que se siguió por ese camino. Y se lograron abrir cuatro pisos tutelados. Fue todo un éxito llegar a ese punto. Lo reconoce Roberto Fernández, el director del centro de rehabilitación psicosocial de Alba: «No había nadie que tuviese esas viviendas en Galicia y supusieron un paso adelante muy importante». Hasta ahí, ni un reproche. El problema vino después. Resulta que, como era una medida exitosa, se buscó financiación y llegaron a prepararse dos pisos más. En total eran ya seis. Se terminó el proceso en el 2012, hace cinco años. Pero esas dos viviendas están cerradas a cal y canto. No llegaron a estrenarse por falta de financiación para su mantenimiento. La Xunta, que es la que principalmente mantiene las otras, de momento no apostó por ellas.

Al inicio, Alba instaló las viviendas tuteladas en pisos de alquiler. Pero en el 2012 las cosas cambiaron. La Diputación le cedió a la asociación seis viviendas de antiguos profesores en Príncipe Felipe. Y el colectivo se puso manos a la obra. «Las casas estaban bastante ruinosas, así que hubo que invertir dinero en repararlas», recuerda Roberto Fernández. Como mínimo se gastaron unos 20.000 euros, más los muebles que se compraron. De hecho, como señalan en Alba, las viviendas en cuestión están «impecables» y para entrar a vivir.

Al principio, en el 2012, con la crisis pegando fuerte y los recortes a la orden del día, se pensó que había que dar un margen a la Administración, ya que en Pontevedra había esos cuatro pisos tutelados para enfermos mentales y en otras ciudades ninguno. Pero ahora han pasado ya cinco años y las viviendas siguen sin uso alguno, así que en Alba, aunque con prudencia, señalan: «Sería muy positivo abrirlas, porque es un servicio que funciona muy bien y para el que hay demanda».

Un total de veinte plazas

Según indica Alba, es habitual que todas las plazas de sus otros pisos -hay un total de veinte- estén ocupadas. En el 2016 por ejemplo se atendió a un total de 24 personas, 6 mujeres y 18 hombres, ya que algunas causaron baja en medio del ejercicio y entraron otras. Algunas de las plazas son de residencia y otras de respiro familiar, es decir, para que personas con trastornos mentales severos pueden acudir los fines de semana. Al principio del programa había una de esas plazas de respiro en cada vivienda. Pero debido a la alta demanda algunas se acabaron convirtiendo en plazas permanentes.

Alba seguirá llamando a la puerta de la Administración para intentar obtener la financiación necesaria, abrir esas dos viviendas y, así, rentabilizar lo que supuso arreglar esas casas. De momento, las ventila a cada paso para evitar que al estar cerradas se vayan deteriorando.

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