¿Te dejarías olvidados unos zapatos de 800 euros? Hay quien sí lo hizo

Tintorerías y zapateros custodian artículos que los clientes tardan en recoger; hasta quedaron arrinconados unos Manolo Blahnik

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pontevedra / la voz

Que levante la mano quien no le haya pasado alguna vez. Uno acude a la tintorería a llevar una prenda, o deja calzado a arreglar en el zapatero o incluso manda a reparar un reloj, pasa el tiempo, se olvida de ir a recogerlo y... ¿les suena la historia? Es una situación que se repite con bastante frecuencia. Cierto es que, tal y como cuentan en distintos negocios pontevedreses de estos sectores, la mayoría de los clientes, aunque tardan, acaban yendo a por su artículo, sobre todo si les llaman por teléfono para recordarles el asunto. Pero otros no lo hacen nunca. O, si lo hacen, aparecen por el negocio después de meses o incluso años. «¿Olvidos? Padecemos moitos, vaia se padecemos», empiezan diciendo en Rápido Charol, un local de reparación de calzado que lleva desde principios de los noventa abierto.

En Rápido Charol tienen una forma muy rápida de comprobar si sufren muchos olvidos. Le pidieron a la imprenta que cada año les haga los tiques que le colocan al calzado de un color distinto. Así, solo mirando a las estanterías, saben si tienen muchos pares de años atrás. «Mira para aí, temos moitísimos tiques verdes aínda, que corresponden ao 2016. E non están aí tamén de anos máis atrás porque facemos limpeza... », señalan. Dicen en el negocio que hace tiempo que empezaron a pedir los teléfonos cuando se dejaba un par de zapatos, para poder llamar en caso de que no pasasen a recogerlos. Pero la medida no está resultando del todo efectiva: «A moitos chámalos e non veñen igualmente, hai algún que si, pero non todos». Al propio zapatero le llama la atención que haya olvidos de calzado «boísimo». De hecho, coge en la mano unas botas altas que tienen todavía la etiqueta de compra y el precio. Le costaron a la dueña 299 euros, entraron en el taller de Rápido Charol sin estrenar, para ensancharles la caña, y nunca más se movieron de ahí. Permanecen ellas intactas, con su piel nuevecita. Y los zapateros concluyen: «É unha mágoa, vense moi boas, a verdade é que isto sorprende moito», dicen.

Igual de estupefacto se quedó una vez el zapatero de Michelena, Carlos Manghissi, que también está acostumbrado a lidiar con los olvidos: «Me dejaron unos zapatos de Manolo Blahnik, esos que son tan famosos, y pasaron varios meses y no veían a recogerlos... yo no podía creérmelo, los limpiaba todos los días porque eran una maravilla. Estaban muy bien hechos y eran preciosos. Al final sí vinieron», cuenta. La sorpresa del zapatero no era para menos. Si uno observa los precios del calzado en la web de Blahnik se da cuenta de que no suelen bajar de los 800 euros. Ahí es nada.

En las tintorerías los olvidos también cotizan al alza, aunque reconocen los empresarios que desde que la crisis comenzó a apretar fueron a menos. Aún así, tienen prendas arrinconadas para dar y tomar. En negocios como Coral, como más de dos décadas de trayectoria, indican que, además de pérdidas económicas, los olvidos generan problemas de espacio. «Tenemos un montón de alfombras, por ejemplo, llega un momento que no te cogen más», enfatiza Marisa Lorenzo.

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