La nueva vida del atletismo en el Val Miñor

Un excepcional grupo y la batuta de Óscar Fernández posibilitan la nueva primavera del histórico club

.

VIGO / LA VOZ

El Val Miñor es el Ave Fénix del atletismo. Un equipo capaz de resurgir de sus cenizas y de adaptarse a los cambios. Su especialidad de siempre fue el cros, tuvo en la olímpica Vanessa Veiga a su máximo referente, pero en los últimos tiempos se vio abocado a una travesía en el desierto de la que ha podido salir con na nueva generación de atletas y con Óscar Fernández, el entrenador, como uno de sus principales impulsores. Lo ha hecho con gente de casa y apoyado por un grupo entusiasta de chavales (especialmente las chicas). En la actualidad ya superan el centenar deportistas, con un arco que va desde los pequeños hasta los veteranos y con una división, en cuanto a entrenadores, para benjamines y alevines por un lado y el resto por otro. Al principio todo comienza como un juego. La especialización queda para la etapa juvenil.

El resurgir del histórico club, además, se consigue sin una pista para hacer las pruebas técnicas y de velocidad en el municipio de Gondomar, de donde se nutre esencialmente la entidad. Lo combaten acudiendo algún día a la semana a las pistas de Balaídos. Del mismo modo, han agudizado el ingenio para dotarse de material de gimnasio del que carecían, aprovechando una compra masiva de un centro vigués en liquidación. A estos dos ingredientes le unen una zona natural sin igual en el municipio para hacer trabajo de fondo. «A contorna é espectacular, eu diría que a mellor zona posible para rodar e tamén podemos ir a Praia América, que é outro luxo, e onde podemos facer traballo de forza cos velocistas», comenta Óscar Fernández.

Pero el renacer de la entidad no sería posible sin la materia prima. Para el entrenador, ahí está la clave: «Temos un grupo excepcional». En este sentido Óscar Fernández puntualiza que al atletismo, por suerte, «xa nos chegan grupos de rapaces seleccionados, xente presdisposta a traballar e a cultura do esforzo cando a sociedade vai por outro camiño. A min xa me chega a xente seleccionada no sentido que teñen unha visión da vida moi diferente ao resto da sociedade. En todo o tempo que levo adestrando nunca tiven un rapaz que fora polo mal camiño, e non é mérito meu, senón deste deporte, que fai que collan uns hábitos de disciplina moi distintos ao resto». Porque los jóvenes que llegan a esta modalidad tienen asumido el sufrimiento y la dedicación que conlleva.

También le da mucha importancia al hecho de que a diferencia de otros deportes, el atletismo pueda funcionar como un grupo mixto, de chicas y chicos, lo que da un plus, aunque al tiempo también genera un pequeño problema desde su punto de vista: Ellas maduran antes. Una media de dos años más rápido. En este sentido pone en valor que ha reunido a un grupo de chavalas «que non é normal». Lo dice por su cohesión y su expediente académico. «Son amigas, boas estudantes, hai tres que tocan o piano, unha o violín, outra a batería, outra percusión... a verdade é que teño para unha orquestra. Son moi responsables, tanto que cando chega unha cun sete nas nota parece unha traxedia». Ese buen ambiente hace que entrenar se convierta más en una pasión que en una obligación, lo que garantiza la continuidad.

Como filosofía, Fernández Villar habla del deporte «como unha escola que te adianta ao futuro», porque la competición actúa como enseñanza y al mismo tiempo también pone el acento en los tiempos del atletismo, muy diferentes a los de otros deportes: «Este é un deporte de tempo e de paciencia, para ir a un campionato de España absoluto necesitas oito anos de adestramento e para ter medalla, dez, non hai outra. Non hai ningún campión de España que non leve 10 anos nunha pista e iso son moitos anos de sacrificio, por iso hai xente que se queda no camiño, porque por enriba temos o problema universitario», lamentando que no se importe el modelo de Estados Unidos en el que se prima a los deportistas con becas y facilidades por doquier. «Alí danche todas as posibilidades, vas ser tratado como un rei», dice mientras pone como ejemplo que al último campeonato gallego júnior de cros solo comparecieron 14 chicas, lo que pone en duda el sistema. Aun así, el atletismo sobrevive. Gracias a clubes como el Val Miñor.

Votación
5 votos
Comentarios

La nueva vida del atletismo en el Val Miñor