La violinista que investiga sobre robótica

La joven nacida en Caldas amplía su formación con un doctorado en el Instituto de Tecnología de Georgia

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pontevedra / la voz

María Santos (Caldas de Reis, 1990) era una niña de 8 años cuando empezaron las obras de construcción del embalse del Umia. Esta ingeniera industrial que vive y trabaja en Estados Unidos no tiene muchos recuerdos de aquel largo conflicto. «Me pilló bastante pequeña, así que no recuerdo mucho, la verdad». De la villa donde nació y vivió hasta que se fue a la Universidade de Vigo sí tiene buenos recuerdos. Sus padres y uno de sus hermanos residen en Caldas. La Carballeira y el Parque-Jardín es su espacio favorito. Desde Atlanta, donde reside e investiga sobre robots gracias a una beca de posgrado La Caixa, rememora los tiempos del instituto. «La Carballeira y el Jardín me traen muchos recuerdos de aquella época, el volver a casa con tus amigos al final del día, los paseos del fin de semana o las tardes de verano cuando no íbamos a la playa y nos quedábamos charlando en el malecón», cuenta.

Esta joven empezó a vislumbrar que su futuro profesional estaría ligado a la ingeniería cuando llegó al instituto Aquis Celenis. «Me gustaban las asignaturas del ámbito tecnológico (Matemáticas, Física, Dibujo técnico...), así que decidí seguir por esa rama, pero no tenía muy claro qué ingeniería quería hacer», relata. No obstante, María desvela que en su primer año de carrera no estaba segura de que Ingeniería Industrial le fuera a gustar, así que también se planteó la opción de estudiar música, ya que estaba haciendo el grado profesional de violín. Un instrumento que toca desde pequeña.

Al final, las cosas, como ella misma dice, le fueron «bastante bien» en Industriales y se centró en la ingeniería. El violín, eso sí, está con ella en Atlanta: «Para desconectar a veces quedo con algún compañero del laboratorio que toca el piano e intentamos tocar algo juntos». La música, practicar yoga y viajar son sus tres grandes aficiones. El yoga le ayuda a sobrellevar el estrés del doctorado en Ingeniería Eléctrica e Informática en el Instituto de Tecnología de Georgia (Georgia Tech). Respecto a los viajes, hace menos de los que le gustaría. «Aquí en Estados Unidos la verdad es que los vuelos son bastante caros», se queja.

La robótica de enjambres -swarm robotics- es el campo de investigación de María. Pese a la complejidad, ella lo explica de forma sencilla. «En la robótica de enjambres un número muy elevado (centenares o miles) de robots muy simples han de coordinarse de forma que emerja un comportamiento colectivo complejo», expone. Y añade que esta disciplina de la robótica se inspira en el comportamiento de animales sociales como las hormigas o las abejas. «Se intenta emular estos comportamientos de forma que un grupo grande de robots sencillos son capaces de alcanzar tareas complejas a partir de la interacción de cada robot con sus vecinos cercanos y con el entorno».

Soporte fundamental

A nivel profesional, la beca lograda ofrece a María un «soporte económico fundamental» para explorar un área más básica de la investigación que realiza para su tesis doctoral. «Mi objetivo es modelar matemáticamente conceptos de teoría de la música para coordinar las interacciones entre los agentes de un sistema multirobot. Sin la beca mi tema de tesis estaría sujeto a los objetivos de las agencias que financian los proyectos de mi director de tesis, como la Office of Naval Research (ONR), que es la que me paga ahora», señala.

La investigadora hace hincapié en que sin la existencia de las becas La Caixa u otras similares como las Fulbright, «sería imposible para muchos de nosotros afrontar los gastos que supone estudiar programas de máster o doctorado en las universidades americanas punteras». Como ejemplo, afirma que solo la matrícula de un año académico puede suponer un desembolso de más de 40.000 dólares. Aunque echa de menos a la familia y la comida -«a veces sueño con la empanada de los sábados»-, no tiene claro si volverá. «El mercado laboral americano es muy atractivo y se valora muchísimo a los investigadores», remacha.

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