Lecciones para hacer arte de una piña

Vicente Cortizo muestra sus trabajos artesanales a sus alumnos para enseñarles la otra cara de la madera

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pontevedra / la voz

Vicente Cortizo es profesor de Madera en el Centro Integrado de Formación Profesional (CIFP) A Xunqueira. Allí enseña a sus alumnos a trabajar los diferentes tipos de troncos y láminas para hacer muebles y otros objetos de utilidad. Se ajusta al temario oficial y a las prácticas estipuladas por la Consellería de Educación. Y a todo ello le pone un poco más. De alma, de arte y de lecciones. Y con sello gallego.

El forcaricense lleva treinta años dando clases. Primero en Palma de Mallorca; después en Madrid, Santander, Ferrol y el Príncipe Felipe; y desde hace quince años, junto al río Lérez, a unos pasos de la Illa das Esculturas. Toma la materia prima para sus trabajos de árboles y arbustos gallegos: para tallas, de maderas nobles como fresno, nogal y castaño; para el torno, codeos, carqueixa, boj, carozos de maíz -con ellos hace bolígrafos, cuyo cuerpo principal es de tojo-, xesta, acebo y corteza de roble americano del propio país.

Lleva los últimos quince días experimentando con una técnica nueva que consiste en deshilachar la madera hasta que adquiere la textura de cabello y lo «peina» y tiñe, dando color a las flores que resultan de su imaginación. Vicente es un enamorado de lo que hace y de la madera, y eso es lo que pretende transmitir a sus alumnos cuando les lleva a clase sus trabajos: «O que quero é que, unha vez saian de aquí, que vexan que non soamente é un moble, ou unha ferraxe ou estrutura; que hai algo moi bonito que se pode atopar nunha peza que atopas tirada na estrada, nunha carballeira ou en calquera sitio, e mirar para ela e dicir: ‘Ostras, que de aquí pode saír algo’; e empezas a darlle forma e forma, e ao final resulta que diso quitaches unha xoia, unha escultura ou algo que realmente ten vida e é unha peza moi bonita».

¿Un nuevo ciclo?

Hoy mismo Vicente inaugura en el centro una muestra de sus piezas, pero los estudiantes que lo tienen como maestro ya las conocen. Y el mensaje va calando. Tanto, que podría acabar ampliando el plan de estudios del centro en un futuro con el que profesor todavía no se atreve a soñar. «Gústanlles moitísimo; de feito todos os días, nas enquisas de todo o que se lles fai, sempre deixan constancia de que lles gustaría que houbera algún ciclo de torno e de talla». ¿Y es viable? «Habería que falar cos que están por enriba nosa, o delegado de Educación, as inspeccións educativas... e, a partir de aí, que chegara algún tipo de ciclo. É bastante complexo, pero o que non chora non mama», ríe.

Por el momento, el forcaricense se conforma con hacer una labor de base, la más importante: «O que intento é que lles guste a madeira e que lle dean o cariño que hai que darlle, porque ao final é agradecida; se lle das cariño devólveche cariño con creces porque se deixa traballar».Estas lecciones les servirán, además, a los alumnos para ser conscientes de que hay otras salidas profesionales, o de tiempo libre, una vez que se gradúen. Por el momento solo los grandes torneros pueden vivir de hacer arte con la madera, pero se trata de una alternativa más a las diferentes opciones que manejan los titulados.

Vicente está irremediablemente enamorado de su medio de trabajo y, aunque lleva muchos años de relación con la madera, desde hace unos pocos darle forma, y vida se convirtió en su pasión. Tras más de una década haciendo piezas solo para disfrute personal -no las vende, por el momento- es ahora cuando le dedica casi todo el tiempo que tiene libre. Si antes sus visitas al taller que ha instalado en casa eran de una vez al mes, ahora no puede pasar una semana sin dejar su huella en él entre tres y cinco veces. Menos que la que deja en sus alumnos.

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