Ellas lograron revolucionar sus negocios

Se apuntaron al plan municipal Verea para repensar las empresas. Y lograron que las suyas mejorasen


pontevedra / la voz

Mar Piñeiro y Lidia Fariña son empresarias. La primera cogió las riendas de la tercera generación de una empresa. La segunda se convirtió en emprendedora hace poquísimo tiempo. Mar trabaja en el sector del transporte. Lidia en la hostelería. No tiene mucho en común lo que hacen. Pero convergen en un punto. Las dos, por distintos motivos, se anotaron el pasado año al plan gratuito del Concello, el plan Verea, que propone repensar las empresas, mejorarlas. Y ambas están convencidas de que lo consiguieron total y absolutamente.

Mar, que es quien ahora lleva las riendas de la empresa de autocares Viuda de Cándido, reconoce que se anotó al plan Verea simplemente porque se apunta «a todo lo que hay». Cuando llegó para que le ayudasen a reflexionar sobre su empresa era justo en el momento en el que su padre se jubilaba y a ella le tocaba dar un paso al frente en una compañía que lleva funcionando desde 1941. «La idea era mejorar, sobre todo, en el tema de la comunicación, de unificar un poco el logotipo, la presencia en las redes... un poco englobar toda nuestra imagen en una». Pero Mar pronto se dio cuenta de que la revolución debía de ser mayor. «Cambiamos muchísimas cosas, desde nuestra forma de comunicación interna, para tener un clima de trabajo mejor, a muchas otras cosas. Mejoramos la imagen y buscamos cómo especializarnos. En nuestro caso, por ejemplo, centrándonos más en el cliente de aquí que de fuera», señala. ¿Sirvieron los cambios para mejorar el resultado económico de la empresa? «Sí, yo creo que sí. Que todo lo que hicimos se está viendo reflejado en una mejoría a nivel de clientes y demás», indica. Esta empresaria señala también que el hecho de haber pasado por una especie de diván empresarial, de haber reflexionado sobre el presente y el futuro de la compañía, le hicieron ver que necesita contratar personal, por ejemplo, en el ámbito de la contabilidad. «Me di cuenta de que había determinadas cosas que no podía hacer, y ahora puedo ocuparme mejor de otras», señala.

De asalariada a autónoma

El caso de Lidia Fariña es distinto. Partió de cero a la hora de emprender. Ella, que es interiorista, llevaba media vida trabajando como asalariada en la hostelería o en el sector hacia el que encaminó sus estudios. El caso es que un día decidió que quería volar por su cuenta. Y abrió la confitería Artesa en el centro histórico. Cuando el negocio todavía estaba saliendo del cascarón, se apuntó al plan Verea municipal, en principio, con un único objetivo: «Quería mejorar mi presencia en las redes sociales», indica esta nueva hostelera.

Pero, al igual que le pasó a Mar, se acabó dando cuenta de que podía hacer una revolución integral de su negocio. En el ámbito de las redes sociales, se dio cuenta de que tenía que ir mucho más allá del Facebook y de que las tartas artesanas que ofrece a los clientes tenían que lucir en sitios como Pinterest o Instagram. Acertó: «A veces me quedo alucinada con la cantidad de jóvenes, sobre todo chicas, que vienen y me dicen que vieron las tartas en Pinterest o Instagram y que las quieren probar», señala. Su negocio creció, con ese «crecimiento lento» de la economía actual. Y Lidia quiere dar pronto un salto importante: el de contratar a un trabajador. «Espero poder hacerlo pronto, porque estoy sola y ya no doy abasto», señala con una ilusión enorme.

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