El «dothraki» gallego al que fichó «Juego de tronos»

Un responsable de la serie se fijó en él en un festival cacereño y lo fichó sin necesidad de hacer prueba alguna ni pasar selecciones


pontevedra / la voz

Aparentemente, el pontevedrés Tomás Torres Pazos es un chaval con suerte. ¿Quién va a un festival de música hortera vestido de colorines y floripondios -la cita se llama Horteralia y se celebra en Cáceres- y cuando ya está en el fragor de la batalla musical, cerveza en mano, riendo y cantando con su novia extremeña y con sus amigos, le cae del cielo un contrato para una serie de televisión? Es raro que esto suceda. Pero a él le pasó. Lo ficharon para Juego de tronos así, sin necesidad de hacer prueba alguna ni pasar selecciones. Simplemente, mientras se estaba divirtiendo, se le acercó un responsable de la archiconocida serie, que en aquel momento se estaba rodando en Cáceres, y le dijo que le enviase su currículo, que le interesaba incluirlo en el filme.

A los pocos días lo llamaron para que se fuera a Extremadura y se pusiera a disposición del equipo de rodaje. A Tomás le debieron ayudar sus pelos a lo loco y su larga barba. Él mismo reconoce que debió de ser una cuestión de suerte y «pintas», porque realmente su estética casa con la de los dothraki, los guerreros nómadas de la serie. Sin embargo, conforme la charla con él se prolonga, queda claro que lo suyo, las cosas que le fueron pasando en los últimos años, su felicidad actual, tienen más que ver con el esfuerzo que con el azar que tuvo en Cáceres. A los 16 años trabajaba de camarero por las noches y, cuando tenía chollo, también por las tardes de pintor de brocha gorda, de grafitero o de lo que apareciese. Acabó la ESO y comenzó el bachillerato artístico. A la par, empezó a buscarse la vida de mil y una maneras. Su habilidad para los deportes le puso en bandeja impartir cursos de modalidades como el Slackline -caminar sobre cuerdas- y otras disciplinas relacionadas con el monopatín o las acrobacias. Fue campeón gallego de salto de altura y practicó diferentes disciplinas, «como atletismo o piragüismo». Ahora trabaja en una empresa familiar que es una asesoría sobre cuestiones gastronómicas, desde elaborar la carta de un restaurante -tanto el soporte físico como el contenido- a convertirse en una especie de Chicote cuando un local hostelero va mal y necesita consejo.

Sentado en la sede de su empresa, vuelve con la mente al día de aquel festival de Cáceres, en noviembre del 2016. Dice que al principio no se creyó que el hombre que, solo con verlo, quiso ficharlo para Juego de tronos hablase en serio. Pero que así era. Y que enseguida lo llamaron para el rodaje, que fue en diciembre. Iba, en principio, para cuatro días. Pero al final fueron doce días de grabación, monte arriba, monte abajo por Cáceres. Indica que acababa deslomado, de la mañana a la noche rodando. Pero que la experiencia no pudo ser mejor. Le pagaron bien y conoció a muchos fichajes como él: «Para mí lo mejor fueron los amigos que hice, gente que iba como yo para unos días, ya son como de la familia. Tenemos un chat, al que llamamos Hermanos de sangre». No puede desvelar nada. Ni qué grabó ni a qué actores conoció ni en qué episodio o episodios saldrá. Solo suelta que, mientras a algunos los tenían que caracterizar a fondo, ponerles barba o así, a él bastó con despeinarle la melena para convertirse en un dothraki en toda regla. Habrá que ver la próxima temporada de la afamada Juego de tronos para buscarlo en la pequeña pantalla.

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