Hundido el acorazado «González»

El todopoderoso gerente del Chop había logrado sobrevivir en ocho años a tres conselleiros, peticiones generalizadas de dimisión y diversos reveses judiciales


El relevo de varios gerentes de complejos hospitalarios de la comunidad autónoma, decidido y difundido esta semana por la Xunta de Galicia, enmascara el propósito más ambicioso que se planificó en los despachos más importantes de San Caetano: hundir al acorazado González. El reajuste al frente de las áreas sanitarias de A Coruña, Ourense, Santiago y Pontevedra, presentado como una «actuación de conjunto», realmente perseguía abatir al hasta ahora todopoderoso José Manuel Gónzalez, cuyo peso en la cúpula del Sergas era tremendamente notorio, muy por encima de la media de sus homólogos. Su relevo al frente del Chop ha sido algo así como cuando en la II Guerra Mundial, la Royal Navy británica ambicionaba cazar al Bismarck, el buque insignia de la marina de guerra de la Alemania nazi. «¡Hundid al Bismarck!» fue la famosa orden que el premier británico, sir Winston Churchill, dio a los suyos, hasta que lo consiguieron en aguas del Atlántico Norte.

“¡Hundid a González!” era el mandato que se escondía tras este maquillado reajuste de cuadros que finalmente ha logrado ejecutar el conselleiro Jesús Vázquez Almuíña, más de un año y medio después de haber reemplazado a Rocío Mosquera.

Se sintió maltratado

Los modos y tiempos en los que se ha realizado este reajuste de directivos al frente de cuatro de las áreas sanitarias gallegas, han sido apresurados. A José Manuel Gónzalez le requirieron para que viajase de urgencia a Santiago. Fue el propio conselleiro de Sanidade quien le comunicó que prescindían de sus servicios como director gerente del Complexo Hospitalario de Pontevedra. A Gónzalez le sentó fatal tanto la forma como el fondo de la comunicación. Le recordó a Vázquez Almuíña que él también había sido conselleiro de Sanidade de la Xunta de Galicia y que ésas no eran formas; que él merecía un trato diferente. Entre otras razones porque está a punto de alcanzar la edad de jubilación y pensaba que llegaría intacto hasta septiembre. De nada valieron las quejas. Gónzalez volvió a Pontevedra sabiendo que el jueves tendría que asistir a su relevo en el salón de actos del Hospital Montecelo. Anticipó la noticia a sus más allegados mediante un correo electrónico que obtuvo alguna adhesión, pero sobre todo más suspiros de alivio al desembarazarse del yugo.

La mano que mecía la cuna

Gónzalez era un ejemplo de supervivencia. Sobre todo en un cargo público de tanta trascendencia social. Probablemente muchos de los 300.000 habitantes de la demarcación sanitaria de la que era principal responsable no le ponían ni cara ni sabían su apellido. Pero seguramente muchísimos miles de pacientes de los hospitales Montecelo, Provincial y O Salnés se han acordado de quien mandaba en el Chop cuando han padecido largas esperas en urgencias, demoras en citas para consultas externas y aplazamientos de intervenciones quirúrgicas. Ha sido la mano que mecía la cuna durante los ocho años que llevaba al frente del área sanitaria norte de la provincia.

Desde el 2009, Gónzalez ha sobrevivido a tres relevos al frente de la Consellería de Sanidade: Pilar Farjas, Rocío Mosquera y Jesús Vázquez Almuíña. Después de haber sido conselleiro de Sanidade en el último gabinete que presidió Manuel Fraga, escapó a Madrid durante la etapa del bipartito de Touriño y Quintana para dirigir en Alcorcón uno de los hospitales de la Comunidad de Madrid, por encargo de Esperanza Aguirre.

Cuando Alberto Núñez Feijoo ganó por primera vez las elecciones en Galicia en el 2009, Gónzalez volvió y tras un consello especial de la Xunta celebrado en Pontevedra, se proclamó su nombramiento al frente del Chop. Singularidades como ésta enfatizan que no era un directivo sanitario al uso, sino un político que gestionaba en la sanidad pública. Su manifiesta militancia en el PP se asocia a su prolífica colección de cargos que ha desempeñado ininterrumpidamente desde que en 1990 comenzó en una subdirección xeral de Sanidade con Manuel Montero como titular de ese departamento.

Ejemplo de supervivencia

González ha sido como un John Rambo de la política sanitaria en Galicia a lo largo de los 26 años que lleva en despachos. Zafó de cualquier imputación cuando un brote de aspergillus provocó las muertes de varios pacientes en el Hospital Meixoeiro en la etapa en que él dirigió ese centro. Logró esquivar las generalizadas peticiones de dimisión o cese que reclamaron durante estos años desde los sindicatos hasta el Colegio Oficial de Médicos de Pontevedra que consideró su gestión nociva. Una mala imagen pública, entre sus propios compañeros de profesión, que se sobrealimentó con casos como los relevos de los doctores Pedreira y Vázquez Astray como jefes de servicio de Psiquiatría y Digestivo que han sido rebatidos en los juzgados. Y de remate, había logrado resistir el cambio de discurso de su propio partido político y de los gobiernos de Feijoo con respecto a la futura solución hospitalaria para Pontevedra. González fue adalid de la ampliación de Montecelo; luego juró lealtad al proyecto del nuevo hospital de Monte Carrasco y finalmente se alistó en la idea del Gran Montecelo que ahora impera.

No está nada mal para aquel rapaz de Bande que dijo de sí mismo que tuvo que hacerse a base de esfuerzo personal.

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