Alega que el sol le cegó al atropellar a dos mujeres a las que ya había agredido

El fiscal pide rebajar la pena de cárcel de 18 a 10 años por enajenación mental


pontevedra / la voz

Juan P. R. ya había sido condenado tres veces por agredir a dos hermanas, de 21 y 41 años, de Vilagarcía, pero ayer, durante la vista oral del juicio en el que se juega un total de diez años de cárcel y 37.000 euros de multa por atropellarlas, aseguró que fue el sol el que lo cegó. El hombre, de 38 años de edad, reconoció que, aunque había pedido el coche esa mañana a su hermana para dirigirse al juzgado -donde le iban a entregar precisamente una orden de alejamiento de las mujeres-, en el momento cambió de opinión. De ahí, aseguró, que se dirigiera a una plaza que hay en el extremo más elevado de la calle, donde tiene una finca con perros.

Fue al regresar por la misma calle, cuesta abajo, cuando empotró a sus víctimas contra el muro de su vivienda. Aunque el acusado insistió en que había sido involuntario, los expertos y una vecina que estaba en la zona negaron que en lugar del accidente la luz solar incida en modo alguno y, en cualquier caso, nunca de frente al conductor o imposibilitando su visión. Fue solo cuando notó el golpe cuando se percató, dijo, de que acababa de atropellar a alguien: «Me pareció que era ella, pero no la reconocí», señaló delante de la jueza.

Cuando se dio cuenta salió corriendo hacia casa de su madre, en la que entró gritando que «había atropellado a dos mujeres en A Bouza», aunque sin especificar su identidad. De ahí que una de las primeras personas en aparecer en el lugar fuese su hermana, quien se prestó a declarar y negó conocer que el imputado hubiese tenido problemas de vecindad con una de las víctimas con anterioridad. Quien se acogió a su derecho a no testificar fue la madre de ambos.

El imputado sí que reconoció haber sido denunciado en otras ocasiones por una de las hermanas, quien solicitó un biombo para no tener que ver a su presunto agresor mientras prestaba declaración. La mujer aseguró no haberse percatado de la presencia del coche hasta que notó el impacto, vio «un reflejo rojo» y a su hermana tirada en el suelo. Esta última sí apuntó haber visto perfectamente al conductor, al que identificó como el acusado, segundos antes de atropellarlas. Testificó que lo vio girar bruscamente el volante hacia ellas con una sonrisa en la cara.

El cambio de rumbo del vehículo que conducía Juan P. R. fue corroborado por varios ingenieros expertos en tráfico, que señalaron en su informe la ausencia de marcas de frenado en la calzada.

Varios médicos forenses que prestaron declaración también coincidieron en señalar que el acusado padece un trastorno mixto de personalidad leve, causado en parte por alta irritabilidad, y del que se trató con un psiquiatra de manera intermitente entre 1998 y el 2007. «Sabe lo que hace, comprende que lo que supuestamente hizo no está bien, pero su capacidad cognitiva en ese momento no estaba al 100 %», señaló una médica.

Fue esta patología la que llevó al fiscal a rebajar su solicitud de pena de prisión de los 18 años iniciales -nueve por cada intento de homicidio en grado de tentativa- por diez.

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