«No Himalaya sentín que somos moi pequeniños»

Un año después de coronar el Kilimanjaro, Araceli Oubiña ha vivido una experiencia que le va a hacer «máis peleona»

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vilagarcía / la voz

«Se chego a estar como o ano pasado», cuando coronó los 5.895 metros de la cima del Kilimanjaro recién salida de su dura pelea con un cáncer de mama, «non podería ter feito este trekking». Araceli Oubiña contesta con un resoplido cuando se le pregunta si, cuatro días después de su regreso de Nepal, está ya recuperada de su segunda gran aventura deportiva desde su victoria sobre «el bicho». Quince días a través de la cordillera del Himalaya a los que la exjugadora de baloncesto y hoy logopeda dedicó el grueso de sus vacaciones en el Hospital Provincial de Pontevedra. Días en los que llegó a experimentar los límites de su cuerpo todavía mermado por la medicación de su tratamiento de continuidad. Pero también una de esas vivencias humanas que mezclan horror y esperanza casi por igual, al conocer por dentro junto a sus compañeros del club asturiano Una a Una la actividad de la ONG Maiti Nepal, dedicada a la lucha contra la explotación y esclavitud infantil y femenina endémica en el país asiático.

«No deportivo, foi moito máis duro do que me contaran. Non polo trekking», con largas y exigentes caminatas de 3 a 6 horas diarias, «senón pola altura, con dez días por riba dos 4.000 metros, a metade sobre 4.500». En Tanzania tan solo había tenido que moverse un par de jornadas en tales condiciones extremas para el organismo humano. Y si bien la expedición pernoctaba en casas de té, los albergues diseminados por el Himalaya pensando en la amplia clientela de montañistas extranjeros, «as noites eran frías, collín un catarro. Despois de subir o primeiro 5.000, o Gokyo, empecei a notar dificultade respiratoria e a médico da nosa expedición decidiu cambiarme a medicación do meu tratamento», relata Oubiña.

Por ello le está tan agradecida a los sherpas de la expedición. Y también a Rosa Fernández, escaladora profesional con la coronación del Everest en su hoja de servicios, con la que un año antes Araceli había alcanzado la cumbre del Kilimanjaro. Gracias a ellos la arousana fue capaz de resistir y avanzar. De hollar el Cho-La Pass, a 5.420 metros de altitud, y el campamento base del Everest, a 5.364. Y también el Kala Patthar, a 5.643 metros, el mirador que abrió los ojos de Oubiña a una de las imágenes más impactantes que pueda contemplar el ser humano. «Nunha mañá bárbara, clara coma no Kilimanjaro, vimos perfectamente todos os cumios de máis de 6.000 metros do Himalaya. O Everest, o teito do mundo, ou o Lhotse», el cuarto pico del planeta; dos ochomiles. El mundo devolviéndole la mirada. «Sentín que son moi pequena, que somos moi pequeniños, e que non se pode perder o tempo con parvadas».

Solo le faltó poder escalar con sus compañeros el Lobuche (6.119 metros). Pero la médico lo desaconsejó. Una lección para Oubiña: «Custoume aceptar que non podía, pero entendo que teño os meus límites. Xa veremos se cando remate a medicación poderei facer un 6.000». En todo caso, «leveime catro cincomiles. Non está mal».

Claro que lo más duro estaba por llegar de vuelta a Katmandú. Si en la montaña la expedición de Una a Una se había topado con el resultado del arduo trabajo del pueblo sherpa, que en un año apenas ha dejado rastro de los efectos del gran terremoto del 2015, en la capital Araceli y sus compañeros pudieron ver la cara oscura del país de la mano de Maiti Nepal. Una ONG que visitaron con un donativo de 5.370 euros obtenido en España a través de una campaña destinada a apoyar un proyecto con un orfanato, una escuela y un taller de bordado y artesanía en el centro de Katmandú, y una casa de acogida en las afueras de la capital. En ellos Oubiña vivió una experiencia dura. La de conocer una realidad donde «as nenas seropositivas que antes foron vendidas polas súas familias son repudiadas polos seus compradores cando adquiren a enfermidade, que llas devolven ás familias, e estas á súa vez tamén as repudian». O casos como los de «unha muller hemipléxica dunha malleira, e outras marcadas con ácido». O que «nalgún hospital público non queren tratar a nenas co VIH porque din que se o fan despois teñen que tirar o material». Cosas que «te remueven el estómago», pero que Araceli compensa reconfortada por ver «que os cartos das doazóns a Maiti Nepal chegan, e se usan».

Una nueva experiencia que «creo que me vai cambiar un pouquiño máis. Que me vai facer máis peleona», dice quien ya ha probado ser toda una guerrera.

La cambadesa se pasó dos semanas de trekking por el Himalaya junto a la expedición del club asturiano Una a Una, diez de los días por encima de los 4.000 metros.

La expedición española entregó un donativo de 5.370 euros a la organización dedicada a la lucha contra la explotación femenina, que Araceli conoció por dentro

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«No Himalaya sentín que somos moi pequeniños»