«Quienes dirigen el PP provincial creen que la política es un campo de batalla»

La dirigente socialista defiende la salud de un pacto en el que pesan las políticas pero también las personas


pontevedra / la voz

Carmela Silva (Vigo, 1960) habla con la ilusión de una niña de su primer año al frente de la Diputación de Pontevedra. Sostiene que han dado un giro de 180 grados a la acción política de la institución, acabando con el clientelismo que, a su juicio, había dominado la era de Rafael Louzán. Defiende a ultranza la salud del pacto con el BNG, así como su decisión de haber remitido a la Fiscalía la documentación de varios proyectos de la etapa del PP en los que su equipo apreciaba irregularidades graves, y que finalmente el Ministerio Público ha descartado investigar. Silva tiene la cabeza llena de ideas para el futuro, aunque insiste en que, en doce meses, no podrían haber hecho más. «Hemos trabajado a destajo», proclama.

-Da la sensación de que, un año después, la salud del pacto PSOE-BNG en la Diputación es notablemente distinta a la que se respira por ejemplo en Lugo.

-Sí, es cierto, el pacto goza de una salud envidiable. ¿Por qué? Pues por una parte porque hemos aprendido por un lado de lo que ocurrió en otros pactos PSOE-BNG, y esa experiencia ayuda para no cometer los mismos errores, y por otra también ayudó mucho el pacto particular que firmamos en Pontevedra, que fue diseñado con mucha más concreción y se está cumpliendo al cien por cien. Yo creo luego que las personas importan y los catorce diputados que formamos el gobierno de la Diputación somos gente con mucha experiencia política y mucha capacidad de acuerdo y diálogo y eso lo facilita. A mayores, hay una muy buena relación con los alcaldes, y todo eso crea un cóctel que permite que el pacto goce de una extraordinaria salud.

-¿Es oro todo lo que reluce o existen diferencias que dirimen con la puerta cerrada?

-No, somos dos partidos distintos, con dos posicionamientos ideológicos diferentes, y por lo tanto hay ocasiones, muy poquitas por cierto, en las que puede haber algún matiz a la hora de llevar adelante algún proyecto. Pero lo resolvemos de forma inmediata porque la relación es fluida. De verdad, la relación es extraordinaria tanto en lo político como con en lo personal.

-Dígame algo de lo que se siente especialmente satisfecha de este año de gestión.

-Del respeto que le tenemos a los ayuntamientos, y creo que es muy visible. El hecho de que hayamos roto con aquel modelo de clientelismo, de usar los recursos para mantener el poder personal y político y para favorecer a los concellos gobernados por el PP, y en el que ha desaparecido también la libre disposición con la que contaba el presidente. Estoy satisfecha de que hayamos conseguido crear un proyecto en el que, con criterios objetivos, hacemos un reparto equitativo de los recursos. No solo el Plan Concellos, que tiene 40 millones de euros, diez más de los que tenía el proyecto de Louzán, sino esos otros 25 millones a mayores que repartimos para política social, igualdad, deportiva, empleo... Y que se hace también con criterios objetivos. Creo que esto es un cambio trascendental en la Diputación.

-¿Y algo que se haya convertido en una espina clavada?

-Pues lo cierto es que hemos tenido que cambiar tanto en un año que cuando hago un repaso de todo, me siento enormemente satisfecha. Y he realizado una reflexión personal y colectiva sobre esto, pero creo que no podríamos haber hecho más de lo que hicimos.

-Hace unos días la Fiscalía descartaba abrir una investigación sobre varios proyectos de la era Louzán que a su juicio contenían irregularidades. ¿Lamenta haber dado el paso de judicializar el tema o defiende aún aquella decisión pese al dictamen del Ministerio Público?

-No, para nada, era lo que tenía que hacer. Primero, para salvaguardar a los catorce diputados de este gobierno, para que no tuviesen que asumir en el futuro ninguna responsabilidad por una gestión que no era suya. Y en segundo lugar, porque son tan graves las irregularidades que tenía que ponerlas en manos de la Fiscalía. Hice lo que tenía que hacer y lo volvería a hacer una y mil veces. Por cierto, el fiscal lo único que hace es decir que señala irregularidades pero que son administrativas y por lo tanto no se corresponden con ningún ilícito penal. Pero eso es en principio, a expensas de una investigación más exhaustiva. Yo veo, desde el análisis de datos objetivos, facturas falsas, gastos que no se realizaron y que tenemos que devolver esos fondos europeos. A mí me sorprende muchísimo que nadie del PP haya salido a pedir perdón porque ya tenemos que devolver tres millones de fondos europeos, pero van a ser hasta diez, en principio.

-En este año al frente de la Diputación se ha visto una Carmela Silva con mucho carácter a la que no resulta fácil doblarle el brazo. Se lo digo porque ha tenido más de un pleno bronco y porque su relación con la oposición no ha sido precisamente idílica...

-Sí, soy una persona con carácter y con capacidad de decisión que asume sus responsabilidades. Tengo muy claro, junto a nuestros socios de gobierno, cuál es el proyecto político que tenemos que desarrollar. ¿Qué ocurre? Que me he encontrado con una oposición que aún no ha asumido que ya no gobierna. Y me duele decir esto pero es así: quienes dirigen el PP provincial entienden que la política es un campo de batalla donde la descalificación, el insulto, el chillido y la escenificación rupturista son el modelo de hacer política. Así es muy complicado hacer política. Se equivocan gravemente porque los está desprestigiando mucho. Tienen miedo al enorme espacio político que está ocupando esta Diputación y al cambio trascendental y profundo que hemos impulsado.

-Hablábamos antes de su relación con sus socios del BNG. Hace unos meses Vigo confirmó su apoyo al plan de compostaje en el que se trabaja activamente desde la Vicepresidencia, lo que se interpretó como un apoyo significativo para que este proyecto prospere. ¿Medió usted para que efectivamente las relaciones institucionales entre Pontevedra y Vigo vivan días de vino y rosas?

-[Sonríe] Creo que el hecho de que yo sea la presidenta de la Diputación y primer teniente de alcalde de Vigo y el vicepresidente de la Diputación sea teniente de alcalde de Pontevedra (César Mosquera), un peso pesado del gobierno del señor Lores, ha ayudado a que las dos ciudades se miren de frente y con simpatía. Y que además hayamos logrado romper con aquel discurso de la confrontación que solo le interesaba a algunos políticos, porque son dos ciudades muy complementarias, que, relacionándose, ganan las dos. Aquella foto de Abel Caballero viniendo a Pontevedra, y la de Lores en Vigo, creo que fue un hito político importante, porque son los dos grandes corazones de esta provincia. Luego hay otros corazones, claro, y cada ayuntamiento es importantísimo en sí mismo, pero en estas dos ciudades es donde se centra la aplastante mayoría poblacional, pero también la gran industria, de servicios, la cultural... Y a mi esto me satisface mucho. Entre otras cosas, porque nadie sabe que mi abuela paterna es de Pontevedra, y toda mi familia paterna es de esta ciudad. Le tengo un enorme cariño a esta ciudad, aunque soy de Vigo, y es obvio que es mi ciudad, a la que yo le debo todo y a la que quiero muchísimo.

«Estoy satisfecha de que hayamos roto con el clientelismo, de usar los recursos para retener poder»

«Las obras tenía que ponerlas en manos del fiscal, lo volvería a hacer una y mil veces»

«Nadie sabe que mi abuela paterna es de Pontevedra, le tengo un cariño enorme a la ciudad»

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