Un obrador clandestino elaboraba churros entre heces de ratones

El negocio está vinculado con una histórica saga pontevedresa, la de los Galiano

Así estaba el obrador de churros clausurado en Pontevedra La Guardi Civil ha clausurado el recinto por «graves deficiencias higiénico-sanitarias»

Pontevedra | La Voz

Lo que los agentes del Seprona se encontraron en un galpón de Pontevedra ni se lo imaginaban. Habían acudido a este punto ubicado en el casco urbano de la ciudad del Lérez para clausurar lo que sospechaban era una obrador clandestino de churros y se encontraron con un foco de inmundicia. «En la mesa de elaboración de la masa de los churros se encontró esparcido material de raticidas mezclado con heces de roedores», reseñaron desde la Guardia Civil, cuyos agentes contabilizaron, asimismo, «una veintena de bolsas de basura grandes sin gestionar en el interior».

Al parecer, el obrador está vinculado con una histórica saga pontevedresa de churreros, la de los Galiano, de tal modo que el local fue clausurado, suspendiendo su actividad, se intervinieron los productos que no cumplían las exigencias sanitarios y sus responsables fueron denunciados administrativamente.

A finales de noviembre, el Seprona tuvo conocimiento de la existencia de este establecimiento que, pese a carecer de rotulación, estaría surtiendo a una decena de establecimientos de hostelería de Pontevedra. Los investigadores concretaron los horarios e itinerarios de reparto, lo que permitió que un operativo de guardia civiles e inspectores del Servizo de Control de Riscos Ambientais abortase la entrega de una partida de estos dulces a un reconocido establecimiento hotelero de la ciudad del Lérez.

Paralelamente, se inspeccionó el galpón en el que se elaboraban los churros entre deplorables condiciones sanitarias.

«Cando entrei no local, persigneime», afirma el dueño del galpón, que lo cedió a los denunciados

Siente que, en cierto modo, han abusado de su confianza. En torno al pasado agosto, los ahora denunciados apelaron a la amistad que les unía para que les permitiese utilizar el galpón de su propiedad como almacén: «Deixeillo para meter cadeiras e mesas», reconoció este pontevedrés que pidió permanecer en el anonimato.

«Eso non estaba permitido, que eu non lles deixei para facer churros», remarcó. «Eu non sabía que os estaban a facer», subrayó, al tiempo que reconoció que nunca se imaginó lo que se iba a encontrar en el interior del cobertizo: «Cando entrei aí, persigneime... Si lles deixo meter as mesas e póñense a facer churros, iso é abusar da miña confianza».

Lo cierto es que, además de material para hacer churros, en el galpón se localizó un arcón congelador que almacenaba material de alimentación, principalmente carnes y embutidos, en las que la fecha de consumo preferente se habían rebasado. Se sospecha que le podían dar salida mediante la venta ambulante.

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