Los miradores que no miran

Los árboles tapan las vistas a los balcones a la ría de Vigo en Cotorredondo

Otro mirador inútil, la ría se «adivina» entre los árboles.
Otro mirador inútil, la ría se «adivina» entre los árboles.

vilaboa / la voz

Hay que tener vista de lince para poder ver algo desde los miradores en el vial que enlaza el lago de Castiñeiras y Cotorredondo. Vista de lince o el cuello de una jirafa, porque los simples mortales no conseguirán, por más que se esfuercen, ver nada más allá que ramas, árboles, piñas y con algo de suerte y si no hay niebla un trocito de mar al fondo. Vilaboa puede presumir, si se permite el uso de este verbo, de ser uno de los escasos lugares de la comarca donde los miradores no sirven para hacerse una foto con un escenario natural al fondo, a no ser que como tales se identifique a los pinos y en primer plano colándose por el objetivo. Es decir, lo que uno podría encontrar en el monte al lado de cualquier carretera.

Es una muestra más del abandono en que la Xunta ha mantenido a este espacio natural, en tiempos no lejanos uno de los más visitados por turistas y vecinos, indistintamente de la estación. Ahora la fundación promovida por las comunidades de montes, dueñas de los terrenos, aspira a recuperar las vistas.

En el primer mirador que se encuentra subiendo desde el lago, hay una barandilla de piedra que se asoma a la ladera del monte. Mejor dicho, cambio de tiempo verbal, se asomaba, porque no se ve nada desde este punto estratégico. A unos metros, sin protección ninguna y con el monte a los pies de cualquier viandante, sí se puede ver algo de la ría, porque allí no hay árboles delante.

Arriba de todo, en la cumbre de Cotorredondo, la cuestión se antoja aún más extraña. Un aparcamiento amplio da la bienvenida al visitante. Un cartel informa de las vistas que se pueden observar desde allí sobre la ría. La realidad es más prosaica. No esperen encontrar la torre abierta. Desde septiembre se cierra y no se reabre hasta el verano.

En la base de la torre hay otra barandilla, en teoría, aquellas personas con movilidad reducida podrían ver desde allí la ría viguesa. Craso error. Tampoco. Y algún turista burlón no desaprovechó la oportunidad de desdecir, con un mensaje contundente, al pomposo cartel de la entrada. Y es que ver, aquí, no se ve nada.

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