Diez años en el mismo banquillo

Preferente Sur El entrenador del Marcón, José Manuel Carles, y dos jugadores cumplen una década defendiendo los colores de lo que califican de «familia»

Arturo, Carlés y Álvaro soplaron ayer las velas de su décimo aniversario en el Marcón.
Arturo, Carlés y Álvaro soplaron ayer las velas de su décimo aniversario en el Marcón.

pontevedra / la voz

Ser del Marcón es casi una religión. Al menos es lo que sienten dos de sus jugadores y el entrenador, que esta temporada cumplen diez años defendiendo juntos su camiseta blanca. Cada año buscan una nueva motivación que les mantenga vivo el espíritu del primer día. Y por ahora lo han conseguido. Su objetivo pasa por mantenerse en Preferente, a donde llegaron el año pasado, pero su sueño es convertir a Marcón en un punto clave del deporte. Para ellos ya lo es. Cuando José Manuel Carlés llegó al club para hacerse con las riendas del primer equipo, apenas había medio centenar de jugadores en todas las categorías. Hoy son más de 200 niños los que forman una «familia muy bien avenida, en la que cada uno sabe cuál es su papel». Carlés no tiene fecha de jubilación, por ahora no hay nadie en Preferente Sur que lleve tantos años dirigiendo un equipo.

Paso a paso se ve cerca de Alex Ferguson, que dirigió el Manchester durante 27 años. Por edad, que no sea. Arturo Casalderrey y Álvaro Argibay crecieron deportivamente con él. Ambos recuerdan el ascenso de la temporada pasada como el momento más brillante de sus carreras, aunque el salto de segunda a primera regional también les emocionó. Carlés, sin embargo, los mira y difiere. «Fue una gran alegría, pero sabía que tenía un gran equipo. Para mi fue una enorme satisfacción mantenernos, vimos las vergüenzas del fútbol en esta categoría y nos tenían casí enterrados, pero aquí estamos», dice orgulloso.

Los tres tuvieron en estos diez años ofertas de otros equipos, pero siempre encontraron un motivo que los llevase hasta O Carrasco cada noche. Quizás el haber dado forma al equipo les ata el corazón. «Cuando llamas a los chavales al final de la temporada y te dicen que quieren continuar, sientes que no lo estás haciendo tan mal», indica Carlés, que cada día sacrifica un poco su vida personal por una afición que lleva practicando desde que debutó siendo un niño en Padrón. Llegan cada día a sus casas más allá de la medianoche, pero a la mañana siguiente, el entrenador acude al colegio a dar clase, Arturo se sienta a estudiar y Álvaro acude al taller mecánico familiar. «El Marcón es también una forma de desconectar de la rutina y estar con compañeros que ya son amigos», dice Álvaro, que reconoce que a veces le hubiese gustado ver cómo sería jugar en otro equipo.

Intensidad, motivación, proximidad... la lista de justificaciones para seguir saltando al campo de O Carrasco cada domingo es interminable. Carlés asegura que el secreto está en poder trabajar tranquilo, sin que la directiva presione con objetivos. El Marcón lo hacen los jugadores y su capitán.

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