caldas / la voz

Algo iba mal cuando a Johnny Winter tuvieron que llevarlo en volandas al escenario. El gran hombre no parecía capaz de abrir un ojo, mucho menos de pulsar una cuerda de su guitarra. Cuando la música irrumpió y sus dedos volaron sobre el mástil, las cosas volvieron a su sitio. Corría el 2010 y no quedaba más que otra edición de Cultura Quente.

Después vino el silencio. Cuatro años para recordar a gente como el último de los Ramones, que sigue haciendo rodar, para gustos, un repertorio legendario. El gatillazo de Sepultura, sustituidos por unos Dover que, por mucho anuncio frutal y mucho cambio bailable que le echen, jamás alcanzarán la brutal altura de los brasileiros. Y, en fin, tantos recuerdos a orillas del Umia como neuronas preservaron la sombra de los carballos.

Ayer el festival volvió a la vida. En el mismo lugar, no en el mismo tiempo. Con su entrada, a 20 pavos. Y un curioso cartel. Los evocadores ecos de Pasajero y su Parque de Atracciones abrieron el asunto a una hora extraña, en la que uno no sabe si pedir un café con hielo, otra cerveza o un bocadillo de chopped para la merienda. Difícil pero meritorio ejercicio el de los madrileños, antes de dar paso a La Fuga y su rocanrol víctima de esa misma huida de bajistas que ha mandado a Barricada a hacer puñetas. Rosendo, nada habría sido lo mismo sin él. Y Los Suaves, a la expectativa de las peripecias de un Yosi en modo despedida que ya no necesita cantar, porque hasta los plásticos de las tiendas de A Tafona, preservadores de tantas resacas, corean sus letras de melancólica aspereza. Para rematar, el guateque gamberro en el que han desembocado Novedades Carminha. Más extrañeza. La cultura, en Caldas, cobra de nuevo temperatura.

Y ayer también vida de la mano de los cientos de jóvenes que, ansiosos, esperaban la reedición de un festival que un buen día, hace no tanto, competía sin pudor como una de esas citas indispensables para la tribu indie. El cartel de ayer era cosa más de nostálgicos, de esos panzers del rock que se agarraron a la ocasión de aullar las letras de Rosendo o Los Suaves. Una oportunidad así no se puede dejar escapar. Porque los de Ourense ya han dicho que se van, y están trotando por los escenarios patrios despidiéndose de su parroquia. Y porque al líder de Leño uno no sabe cuánto combustible le queda después de 30 años de himnos, descarnada honestidad e infinitas descargas sonoras.

Ayer Caldas recuperó una fiesta que nunca debió irse. Una de esas víctimas menores de la dichosa crisis que por la vía de los recortes ha laminado la oferta cultural en casi todos los rincones al oeste del telón de grelos. Ya no quedan muchos festivales como el Cultura por estos lares, para resignación de miles de jóvenes a los que Benicassim les queda a océanos de distancia. Y no todo van a ser verbenas en esta vida... ¿Non si?

Cañas y sonrisas

Cañas, tiendas de campaña, sonrisas contagiosas y miles de decibelios... La Carballeira de Caldas recuperó ayer, con la inestimable colaboración del buen tiempo, todo hay que decirlo, las esencias de un festival que esperemos, ahora sí, ha venido para quedarse. Cultura Quente ha vuelto a su sitio.

Cientos de jóvenes esperaban ansiosos la reedición del venerado festival

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Cultura Quente vuelve a su sitio