Un narcotraficante, al frente de la macrorred de estafas al seguro

Marcos Manuel Conde Vidal, al parecer, está en paradero desconocido tras ser condenado a diez años por los 4.500 kilos de coca del «Doña Fortuna»


Pontevedra / La Voz

El fiscal y la Policía Local de Pontevedra sitúan en la cúspide de la supuesta macrorred que se juzgará en la Audiencia Provincial a un conocido narcotraficante de las Rías Baixas. Marcos Manuel Conde Vidal, Moncho, fue condenado en julio del 2013 a diez años de prisión por su participación en el alijo de 4.500 kilos de cocaína intervenidos a bordo del buque Doña Fortuna.

El Tribunal Supremo, si bien mantuvo esta pena, anuló una de las dos multas que en su día se le impusieron -ascendía a 325 millones de euros- y mantuvo, eso sí, la de quinientos millones. Dado que la sentencia es firme, según precisaron las fuentes consultadas, Conde Vidal presumiblemente no llegó a ingresar en prisión. Fuentes policiales confirmaron ayer que esta persona se encuentra en paradero desconocido, por lo que no se descarta que la Audiencia Nacional hubiera dictado una orden de búsqueda y detención a nivel internacional.

Con respecto al alijo, la Justicia consideró acreditado que este pontevedrés se incorporó en enero del 2009 a un entramado en el que, además de narcos gallegos, intervenía la mafia colombiana y la camorra italiana. Su papel: «Tenía asignada la misión de actuar como nexo de unión con los propietarios sudamericanos de la cocaína. Papel de crucial importancia y desempeñado particularmente en las decisivas y determinantes etapas finales de la negociación y debate entre ambas ramificaciones».

En cuanto al rol que el fiscal le otorga en el ámbito de las estafas a compañías aseguradoras, se afirma que, como representante de una firma dedicada a la venta de automóviles, adquirió en noviembre del 2006 los restos de un Renault Laguna que había sido declarado siniestro total a raíz de las inundaciones que se registraron ese año en O Salnés. Año y medio más tarde, en abril del 2008, se dio parte de un siniestro en el que, «faltando a la verdad», se afirmó que las lunas delantera y trasera habían resultado fracturadas.

Apenas unos meses más tarde, se denunció en la Comisaría de Pontevedra la sustracción del turismo cuando, «en realidad, el vehículo fue transportado a la ciudad de Oporto, en Portugal, donde sería desmontado y vendido para piezas».

Un modus operandi similar se empleó en el caso de un Volvo S-60 que terminó ardiendo en las proximidades del embalse de Pontillón de Castro, en Pontevedra. La compañía aseguradora abonó, en esta ocasión, 34.961 euros ya que la engañaron al asegurarle que las llamas se iniciaron cuando el automóvil estaba circulando.

El nombre de Marcos Manuel Conde Vidal y de la empresa domiciliada en Soutomaior que representaba también se vincula con, al menos, otras dos estafas de las once que el fiscal relata en su escrito de acusación. En uno de los casos se llegó a simular la colisión de un Citroën C5, declarado siniestro total, contra un Saab 900 que «llevaba dos años abandonado en una finca», de igual modo que se escenificó una colisión de un BMW.

Conde Vidal es uno de los veinte imputados en una macrocausa que sentará en el banquillo de los acusados a propietarios de talleres de reparación de automóviles, dueños de vehículos que se prestaron a aparecer en las transacciones de los coches y, al menos, el perito de una aseguradora.

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