Las cien velas de Antonio Bonaque en Marín

Administrativo jubilado de la Escuela Naval, su vida pasa revista a gran parte del siglo XX


MARÍN / LA VOZ

Cien años dan para mucho y la historia del vecino marinense Antonio Bonaque Martínez (Garrucha, Almería, 3 de enero de 1915), que ayer festejó los cien años de edad rodeado de familiares y amigos, refleja el devenir histórico no solo de España sino también de Europa. El mayor de varios hermanos se mudó de pequeño a Francia, donde pasó su infancia y juventud. Llegada la edad del servicio militar, Antonio Bonaque, que trabajó como inspector de seguros en el país galo, se trasladó a España, más concretamente a San Fernando (Cádiz), en el fatídico año 1936 y pocos días antes del inicio de la Guerra Civil.

El ya de por sí largo servicio militar de entonces se transformó en una estancia muy superior en la Península, sin poder volver a ver a los suyos durante los tres años de la Guerra Civil. Para colmo, cuando en 1939 acabó la guerra española comenzó la Segunda Mundial y ya no pudo regresar a ver a su madre y hermanos en Francia hasta que en 1945 la victoria de los Aliados devolvió la paz al viejo continente.

En el entretanto, en 1943, la Escuela Naval se trasladó desde Andalucía a Cádiz y Bonaque, que se había integrado en la plantilla como administrativo, se mudó a Marín con su mujer, Isabel Belizón, y sus hijas. Nunca más cambió de residencia y su vida profesional la desempeñó en la Escuela Naval, un total de 42 años de servicio en la Armada hasta su jubilación, según su hija Cristina. Este centenario mantiene una envidiable fortaleza física. Cada día sale a pasear, llueva o haga sol, y en sus rutinas está también ir a una cafetería, donde lo sorprendieron con una fiesta de cumpleaños.

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