Agotadora espera por la indemnización

Mientras José puede cobrar del Fogasa este mes, Ángel sigue sufriendo la incertidumbre


pontevedra / la voz

José apenas logra contener las lágrimas cuando se entera de que es muy posible que esté en la lista de los afortunados que dentro de poco pueden cobrar parte de lo que les debe el Fogasa. La emoción, no. Se le quiebra un segundo la voz antes de reponerse y admitir que a estas alturas no le importaría tener que esperar una semanas más para notar el colchón debajo de los números de su cuenta corriente. Van a amortiguar la caída que experimentan cada mes sus ahorros cuando llega la letra de la hipoteca. «La firmamos cuando José tenía trabajo y no podíamos imaginar que esto fuera a suceder». Gabriela, su mujer, es presa de los mismos nervios que su marido.

Él perdió su trabajo, ligado al sector de la construcción, en verano del año pasado. Los últimos pagos aprobados por el Fogasa abarcan hasta octubre del 2013, así que posiblemente esté entre los beneficiados por esta inyección que el Gobierno ha dirigido al Fogasa, aunque no lo sabrá hasta que reciba una notificación oficial que se lo confirme. De hacerlo, llegará a su casa entre esta semana y la que viene, según los datos que manejan los sindicatos. Todavía quedan otras tres partidas más que se concederán en los próximos días, y otra que llegará a mediados de enero.

En la casa que comparten José y Graciela en Dorrón viven otras cinco personas: sus dos hijos, su nuera y sus dos nietos. Precisamente la más pequeña de la descendencia nació con algunos problemas de salud.

A pesar de su corta edad, ha sufrido ya tres operaciones en A Coruña. La difícil situación por la que atraviesa la familia afecta a todos sus miembros. Su hijo intenta aportar lo poco que va consiguiendo gracias a pequeñas labores con las que logra ciertas ayudas, pero no es suficiente. «Non sabes o duro que é ter que pedir cartos ás veces para que o meu fillo poda pagar a peaxe para ir ver á súa filla», lamenta desconsolada Graciela.

El matrimonio reconoce que la incertidumbre que van a experimentar a partir de ahora va a ser mucho más llevadera que la frustración vivida hasta el momento.

Es la misma que siguen padeciendo todos aquellos que encarnan la otra cara de la moneda. Entre ellos, destaca el de Ángel Garrido, otro empleado en una fábrica de hierros hasta que su propietario lo echó, aunque no llegó a cerrar ninguna de sus empresas. La fórmula empleada para su despido lo llevó a él y a otros compañeros a presentar una demanda en el juzgado. Corría el final del mes de octubre del 2012. La sentencia tardó año y medio en salir. Durante todo ese tiempo, y el otro medio año que transcurrió hasta hoy, Ángel vivió del paro. Hasta que lo agotó hace apenas unos días. Desde entonces planea cómo va a sacar adelante a su mujer y sus dos hijos sin la prestación.

A pesar de haber ganado el juicio y haberle sido reconocido el despido improcedente, es el Fogasa el que tiene que hacerse cargo de su indemnización. Pero su expediente comenzó a tramitarse en el momento en el que se le reconoció el derecho a indemnización; es decir, cuanto se dictó la sentencia, lo que quiere decir que, previsiblemente, tendrá que esperar todavía unos meses más, o años, hasta que el Fogasa ordene el pago de las deudas contraídas con los trabajadores a partir de agosto del 2014.

El retraso acumulado para el abono de las indemnizaciones y pagos llegó a dieciséis meses. Con esta inyección de fondos se acaba de reducir a trece, pero el temor de los trabajadores radica en no saber si el futuro les ayudará o les mantendrá esperando.

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