Filgueira, un trauma para el nacionalismo

La figura del viejo profesor convulsiona a sectores que le identifican con una etapa oscura de la historia local, en base a clichés que no hacen justicia a otros aspectos de su obra


El revuelo que están organizando sectores del nacionalismo frentista contra la elección del profesor Filgueira como el autor a homenajear en la próxima edición del Día das Letras tiene, a mi juicio, mucho de trauma no superado. Sobrepasa lo que entenderíamos como una respetable y respetuosa discrepancia. Hablan de «insumisión». Más bien suena a un berrinche excedido que nos retrotrae a conductas talibanes que parecían superadas.

Por una parte, Miguel Fernández Lores con otros cargos públicos del BNG; por otro lado, A Nova, y a la batería, la Mesa pola Normalización Lingüística, están organizando semejante ruido contra la decisión de la Real Academia Galega que han terminado acongojando a los propios académicos. Así parece a la vista de la resolución de la ejecutiva de la RAG del jueves tarde, desviando toda responsabilidad sobre tal elección a la decisión que había adoptado el plenario de la institución que componen una treintena de intelectuales y donde se votó por mayoría.

Sinceramente la salida de la ejecutiva me parece una cobardía supina. El mensaje que traslada al resto de la sociedad viene a ser que toda una Real Academia Galega se arruga ante la presión externa. ¿Dónde quedan la autonomía y libertad reivindicadas para tal institución?

Lo curioso es que todo este lío se está organizando porque, desde esos sectores nacionalistas, la principal discrepancia para dar el Día das Letras 2015 a Filgueira, radica en su vis política. Por lo que el debate está viciado de raíz.

No se discute si la obra del profesor de tantas generaciones de pontevedreses tiene rango para la efemérides. Hasta los críticos admiten la prolífica producción de este polígrafo, sus décadas de magisterio y reconocen su papel al frente del Museo. Por tanto, desde esa perspectiva reúne los mismos ó más merecimientos que anteriores homenajeados. A partir de ahí, pretender menoscabar su candidatura porque fue alcalde y procurador en Cortes durante el franquismo está fuera de lugar ya que distorsiona el enfoque y traslada el asunto a un terreno político que no recuerdo que se hubiera suscitado en los cincuenta casos anteriores de autores homenajeados. Dudo mucho que todos hubieran superado los baremos de la MNL y el BNG.

Ocurre que la figura de Filgueira Valverde convulsiona al nacionalismo frentista por razones subconscientes, casi de diván de psiquiatra, que deberían hacerse mirar.

Lección de los familiares

Ese sector ideológico le identifica con una etapa oscura de la historia pontevedresa. Se le vincula con la instalación de la celulosa; se le acusa de complacencia con la represión idiomática del galego e incluso se le culpa de haber dejado a su suerte a Bóveda.

Remito a los lectores interesados a comprobar el ejercicio de normalidad democrática y de superación de clichés del pasado que dieron en V Televisión y La Voz de Galicia, Valentín García Bóveda, nieto de Alexandre y José Fernando Filgueira Iglesias, hijo de José. Ambos, en una entrevista conjunta, que también deberían leer el alcalde de Pontevedra y los portavoces de A Mesa, tildaron de «leyenda urbana» la supuesta traición de Filgueira a Bóveda. Argumentan lo que de veras ocurrió en torno a aquel 17 de agosto de 1936; desmitifican cualquier dime y direte sobre diferencias entre ambas familias e incluso relatan la relación entrañable que mantuvieron Amalia, viuda de Bóveda y Filgueira.

En la misma entrevista brilla la elegancia de José Fernando Filgueira Iglesias. Hombre de trayectoria impecable, doctor muy respetado; exdirector del Hospital Provincial; tantas veces portavoz de la familia y de los recuerdos de su padre; persona de fuertes convicciones nacionalistas y vinculado al BNG con participación en diversos ámbitos sociales y procesos electorales.

La tolerancia del doctor Filgueira para con los suyos es tal, pese a que están apedreando el recuerdo de su padre, que aún es capaz de ensalzar el papel de agitador de conciencia nacional del BNG en la sociedad gallega. Y de puntillas, admite que desearía un consenso que ahogara estas feas controversias.

Un esfuerzo que otros, por ejemplo, como Antón Louro, en nombre del PSOE, ha puesto en practica ponderando la elección de Filgueira como «reconocimiento a su dimensión intelectual y cultural» que es de lo que se trata. La política debería quedar fuera.

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