El hospital de nunca jamás

Las situación de las maltrechas arcas de la Administración autonómica parece haber condenado al fracaso el complejo de Monte Carrasco, una promesa electoral clave del PP


Pontevedra / La Voz

Érase una vez un presidente que prometió a los habitantes de una tierra llamada Pontevedra que les construiría un nuevo hospital. Un gran complejo sanitario que atendería las necesidades asistenciales de una población de 300.000 asegurados con los más modernos y avanzados sistemas médicos?

Para desarrollar semejante proyecto, su Gobierno aseguraba que dispondría de una inversión final cercana a los 230 millones de euros.

El presidente acudió a Pontevedra, en enero del 2011, a prometer a los lugareños que las obras del nuevo centro sanitario comenzarían aquel año en un lugar llamado Monte Carrasco y que estarían conclusas en el 2014, un año antes de lo que su predecesor en la Xunta había prometido que tendría reformada la residencia Montecelo.

Aquellos hechos sonaban a cuento. Pero la cruda realidad, y el transcurso de los acontecimientos, nos desengañaron.

Tiempo de promesas

Aquel proyecto ha sido una ensoñación. Una más de la etapa de influencia de Telmo Martín sobre Alberto Núñez Feijoo. Aquella época, cuando ambos iban del ganchete (políticamente hablando) en una dinámica de promesas en Pontevedra que también incluía el cierre y traslado de la fábrica de Ence, el soterramiento de las estaciones de tren y autobús y otras ambiciosas propuestas incluidas en aquel programa electoral que el exalcalde de Sanxenxo trajo a la capital con el propósito de retirar a Miguel Anxo Fernández Lores de una alcaldía que durante lustros había estado en manos de las huestes conservadoras.

Pese a las dos derrotas en las urnas de Telmo Martín, de aquel saco de emprendimientos, parecía que el nuevo hospital tenía algún viso de ser realizable, según el discurso de la Xunta y el propio Partido Popular. Pero la crisis económica y las restricciones presupuestarias que se ha autoimpuesto el Gobierno de Feijoo, han enfriado aquellos propósitos para la ciudad y su comarca.

Hace meses, la Administración gallega ponía excusas para el retraso culpando sobre todo al alcalde nacionalista y su gabinete bipartito. Los acusaba de poner palos en las ruedas para retrasar la tramitación del proyecto del nuevo hospital.

Es obvio que con declaraciones de interés supramunicipal y otros resortes burocráticos, la Consellería de Sanidade habría podido sortear la resistencia numantina del Concello pontevedrés.

Finalmente, ha quedado claro que el único problema es que no hay un peso en las arcas del Sergas para abordar la ejecución de semejante complejo sanitario en los plazos que se pretendieron.

¡Menos mal que nos quedan Montecelo y el Provincial! Aunque la sistemática gestión liquidadora de Gónzalez, el gerente del CHOP, quien sigue un calculado programa de desmochar servicios conforme la hoja de ruta recibida, sigue vaciando las dotaciones de ambos hospitales.

Traslado al CHUS

La última estocada ha sido el enésimo cierre de camas durante el verano -como en el resto del país, dicho sea de paso- por criterios economicistas. Y antes, la decisión unilateral del Sergas de reasignar a los 300.000 habitantes del área sanitaria de Pontevedra-Salnés al CHUS compostelano, en una controvertida decisión que solo se explica por la necesidad de dar uso al carísimo complejo santiagués, a costa de obligarnos a los vecinos de estas comarcas a hacer más kilómetros y pagar más peaje de autopista.

La única conclusión que se puede extraer es que Pontevedra ha perdido cerca de dos décadas entre proyectos de hospital único y nuevo hospital, sin que haya prosperado ninguna mejora sustancial de los servicios asistenciales y sin visos de solución inmediata.

Pontevedra ha perdido dos décadas con los distintos proyectos de hospital

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