La solidaridad no sabe de vacaciones

Concello y oenegés trabajan para que los niños de las familias necesitadas no se queden desamparados una vez que finalice el curso escolar y echen el cierre los comedores


El hambre no cesa ni en verano; luego la solidaridad no se puede tomar vacaciones. La cruda realidad se refleja en la afluencia cotidiana de necesitados a los centros de ayuda social y en la dependencia que cada vez más familias tienen de ese auxilio directo. Cifrar este drama es complicado. Probablemente hablamos de medio millar de familias que en la ciudad de Pontevedra las estadísticas de las oenegés tipifican como pobres en riesgo de exclusión.

El último informe de situación que conoció en mayo el Consello Económico y Social reflejaba que en 3.400 hogares de la capital todos los integrantes de la unidad familiar están en el paro. Y en 1.100 de esos domicilios, no entra ni un euro en prestaciones sociales una vez agotados los subsidios oficiales.

Semejante marco es el que preludia la inquietud más acuciante que ahora tienen diversas instituciones como el Concello de Pontevedra, también la Federación de ANPAS de la provincia y diversas entidades de servicios sociales que se plantean el riesgo de desnutrición de niños escolarizados en centros docentes de esta capital que tienen por principal comida, sino única, la que reciben en los comedores escolares.

Los cálculos de las concejalías de Educación y Bienestar Sociales estiman que hablamos de no menos de 60 críos de la ciudad de Pontevedra cuya alimentación depende de la escuela a la que acuden. Por lo que se plantea la perentoria necesidad de prolongar ese aporte durante los casi tres meses de vacaciones escolares que están a punto de principiar, según venimos informando desde La Voz de Galicia.

El Concello tiene decidido intervenir para paliar el problema. Aunque deberá practicar un cierto eslálom para sortear las trabas financieras que la nueva ley de régimen local de Rajoy ha aplicado cual torniquete a las administraciones municipales para achicarles márgenes de maniobra.

Se trabaja en la fórmula para que esas criaturas tengan en los próximos 90 días al menos asegurada una de las tres comidas diarias necesarias según los nutricionistas. La aportación podría ser a través de las ludotecas de verano que posibilitan servicio de comedor o bien mediante otra fórmula que se estudia con la Federación de ANPAS que regenta esta prestación durante el curso.

Paralelamente, se dibuja otra línea de intervención que puede resultar complementaria o incluso alternativa, a través de Amigos de Galicia y Cáritas, entidades que semanalmente aportan bolsas de alimentos a decenas de familias en Pontevedra, Vilagarcía y otras poblaciones.

Dieta mínima

La previsión que manejan es aumentar la partida destinada a esos aportes para garantizar una dieta mínima de valor nutricional que incluya legumbres, verduras y proteínas animales (carne, pollo y huevos) que asegure la alimentación de menores de las familias más necesitadas.

Lo único positivo en este trágico escenario es que volvemos a constatar que Pontevedra es una ciudad campeona en solidaridad, tanto a nivel institucional como, sobre todo, por el esfuerzo anónimo de miles de ciudadanos sensibilizados. Frente a esa condición que nos enorgullece, resultó vergonzante la intervención del diputado del PP Román Rodríguez, el que dijo en la Cámara gallega que abrir todos los comedores escolares en verano era dar «excesiva visibilidad» a esas situaciones de exclusión social.

Una mínima sensibilidad debería obligar a quienes desempeñan responsabilidades públicas a ser más cuidadosos con sus declaraciones. Pese a semejante patosa intervención, se pudo salvar un acuerdo transaccional en el Parlamento que obliga a la Xunta a ser garante de que ningún niño quede sin esa atención social.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos

La solidaridad no sabe de vacaciones