«Es muy probable que la "Santa María" se construyese en Galicia»

Los expertos creen que recuperar una pieza del casco podría servir para determinar si la nao capitana fue construida en astilleros de Pontevedra


Poio / La Voz

Cuando hace escasos días saltó la noticia de que el estadounidense Barry Clifford había hallado los supuestos restos de la Santa María, la nao capitana de Cristóbal Colón, María Luisa Cazorla respiró tranquila: «¿Hasta donde llega su información? No lo sé, pero nada más ver una fotografía me dije: ??Perfecto, que sigan trabajando ahí porque lo que tienen entre las manos es un cañón francés del siglo XVIII??».

Cazorla fue hace más de dos décadas la persona que dirigió la más ambiciosa investigación que se ha realizado nunca en España para localizar los restos de La Gallega. De hecho, solo un golpe de estado, el que llevó a cabo Raoul Cedrás sublevándose y derrocando a Jean-Bertrand Aristide, impidió en gran medida que se iniciará una excavación a la búsqueda de lo que muchos consideran uno de los griales de la navegación.

Veinticuatro años después de que la Comisión del Quinto Centenario hubiese dado luz verde al proyecto, María Luisa Cazorla asume que determinar el origen de la Santa María es «la pregunta del millón». No obstante, y tras defender que la nao fuese también conocida como La Gallega es algo «perfectamente factible y viable», no descarta ni mucho menos que su construcción se hubiese llevado a cabo en Pontevedra. Así, incidió en que «lo mismo que hoy se construyen barcos en Vigo y en Ferrol, en aquella época se podían construir igual, también en Pontevedra».

En este sentido, no duda en calificar de alta la probabilidad de que este fuera el origen del buque insignia del descubrimiento de América, pero tampoco descarta que fuese construido en otros astilleros del norte peninsular. Eso sí, aclara que lo habitual es que, en aquella época, el casco fuese manufacturado en territorio nacional, mientras que a quilla y los palos procediesen del norte de Europa. ¿El motivo? «Basta leer documentos medievales para comprender que se necesita importar desde Suecia, Dinamarca o Noruega árboles largos, porque en España no queda ni un solo árbol que permita construir el mástil. Quedan robles y muy buenos para construir los cascos, pero la quilla y los palos casi siempre hay que importarlos», explica mientras disfruta de unos días en Viveiro. La investigadora tiene claro que esta incógnita tendría una respuesta clara en el momento en el que se desentierre algún resto del casco, instante en el que cualquier tipo de incertidumbre habrá pasado a la historia. No en vano, «la arqueología científica de laboratorio es perfectamente capaz de determinar que el roble de una pieza se corresponde a árboles cortados hacia 1450 y que por sus características se encontraban en Galicia, Asturias o cualquier otro sitio plausible».

Menos contundente se muestra a la hora de abordar el origen del navegante, si bien es de las que se decanta por la teoría del Mediterráneo. «¿Si Colón era gallego? No puedo decir ni que sí, ni que no, porque es tan probable que lo fuese como si fuera catalán, mallorquín... No lo sé», si bien, a su entender, la tesis mediterránea tendría uno de sus sustentos en «el empleo de la lingua franca, que era fundamental en el Mediterráneo y se empleaba menos en el Atlántico. Y Colón se manejaba en lingua franca perfectamente», precisa al respecto.

No obstante, reconoce que el libro de Alfonso Philippot Abeledo, La identidad de Cristóbal Colón, en el que se defiende el origen gallego del descubridor de América, es trabajo «fenomenalmente escrito, extraordinario, con una documentación de esas que te aplastan por completo». Tras remarcar que no es paleógrafa, ni experta en esta materia científica, remarca que, hoy por hoy, «no hay manera de afirmar el origen rotundamente, cosa que sí han tenido la caradura de hacerlo los italianos desde el cuarto centenario. Nadie se había acordado de Colón hasta 1892, cuando cogieron todos los documentos en los que aparecía un Colombo, Colombi... y dijeron que no hay duda. Y la casa natal de Colón en Génova ha cambiado nueve veces de sitio en un siglo. Mientras no aparezca un documento clave que nos permita establecer su origen, no se sabrá a ciencia cierta».

Un proyecto vivo

Pese al tiempo transcurrido, el proyecto de desenterrar la Santa María sigue vivo, aunque, eso sí, en un cierto estado comatoso provocado por la falta de financiación. En su día, se estimó que sacarlo adelante supondría invertir entre noventa y cien millones de pesetas -unos 600.000 euros-, pero los costes podrían reducirse considerablemente debido a los avances tecnológicos en materia de arqueología: «En aquel momento lo que había que hacer era coger una docena de excavadoras y casi cambiar de sitio la bahía del cabo haitiano, pero, hoy en día, disponemos de georradares y magnetómetros, que no es que descubran una aguja en el fondo del Atlántico, pero casi».

A las dificultades para encontrar quien financie el trabajo sobre el terreno habría que sumar las complicaciones burocráticas y la obtención de permisos para trabajar en un país extranjero. «Irte a Haití para sacarlo adelante no lo haces ahorrándote dos pagas extraordinarias», ironiza María Luisa Cazorla, quien aún mantiene viva la esperanza de regresar a la zona donde está convencida está enterrada La Gallega.

Tiene claro que su descubrimiento sería un «hito histórico a nivel de la historia universal, comparable a si encontrásemos de verdad la tumba de Jesucristo».

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