Peregrinos que compiten con un rifle a la espalda

La jornada inicial del concurso de patrullas se cobró sus primeras bajas


Pontevedra / La Voz

«Son turistas en viaje de grupo / recorriendo todos los continentes / van con todo el careto tapado / de pintura para ser más valientes / son los rambos que todos los niños / quieren ser cuando sean mayores / son marines haciendo turismo / ten cuidado que no son objetores». Esto lo cantaban Celtas Cortos a principios de los noventa, pero la realidad coloca a todos con los pies en el suelo y los marines que participan en el concurso de patrullas de la Brilat por el Camino de Santiago han podido comprobar que esta prueba es cualquier cosa menos hacer turismo.

Al cierre de esta edición, de los 120 militares que conformaban las veinticuatro patrullas que salieron del embarcadero de Tui ayer por la mañana solo un soldado había tenido que abandonar. Las piernas, en un momento dado, le dijeron hasta aquí hemos llegado y tuvo que ser evacuado.

Como bien apuntó el cabo Zambrano, adscrito a la octava bandera de la Legión, «lo más duro es tener que andar». Y eso que, durante buena parte de la jornada, la climatología favoreció a los patrulleros: «Creo que nos ayuda, porque en Almería hace una calor de muerte y aquí es más fresquito. Se va mejor».

Esta es la segunda vez que este legionario trata de lograr que su equipo se alce con el triunfo final. En su estreno en el concurso por la Ruta Jacobea, quedó séptimo tras perder la patrulla a uno de sus componentes, un hecho que no duda en definir como una «espinita clavada ahí».

Si en el pasado la Legión ya conoció las mieles del triunfo, en esta edición es el batallón de zapadores el rival a batir. Tras dos victorias consecutivas en las dos últimas ediciones, los componentes de esta unidad de la Brilat concurrieron en el embarcadero de Tui «con la presión de que nos ganen», reconoció el teniente Javier Villareal.

El próximo agosto cumplirá su primer año en la unidad pontevedresa, por lo que no ha podido secundar a sus compañeros en el reto de lograr el entorchado por tercera vez. En todo caso, tanto él como el resto de zapadores que no participaron en el concurso, aseguraron «estar a muerte» con los patrulleros.

Como también lo estaban las decenas de personas que ayer siguieron las dos pruebas que se desarrollaron en el casco urbano de Pontevedra. Lo cierto es que la disputa del rápel volado en el puente de Monte Porreiro como el cruce a nado del río Lérez por el entorno de A Xunqueira posibilitaron que muchos pontevedreses siguieran en primera línea las peripecias los militares. Y como no siempre llueve a gusto de todos, hubo quien mostró su malestar por la presencia militar en «o patio escolar do CIFP de A Xunqueira», según la queja presentada por la CIG-Ensino.

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