¡Feliz 102 años y que cumpla muchos más!

Esperanza Rosales Cambre celebró ayer con el alcalde y varios amigos su aniversario


Pontevedra / La Voz

Esperanza Rosales Cambre es la usuaria más veterana y de más edad de la Residencia de Campolongo. También una de las más joviales y activas. El pasado 1 de febrero cumplió 102 años y está dispuesta a seguir disfrutando de la vida el tiempo que haga falta. Ganas no le faltan y salud tampoco, salvo algún achaque. Ayer, el alcalde le ofreció una recepción en el Ayuntamiento para felicitarla en nombre de todos los pontevedreses. Hubiera ido él a verla, pero al personal del centro le pareció una buena idea que ella se diera un paseo hasta el Concello. «Vine un poco arrastrada, pero ahora me alegro mucho de estar aquí y saludarles». Es muy habladora y en la media hora que duró la recepción se ganó la simpatía de todos los que por allí andaban, periodistas, funcionarios, concejales... «A persoa más lonxeva que felicitamos tiña 105 anos e temos que superar esa cifra», le dijo el regidor. «Yo quiero tirar un poquito más», le respondió Esperanza. «No hace mucho escuché que una señora murió a los 120 años, así que a mí aún me quedan 18».

Esta alegre y optimista centenaria llegó al Ayuntamiento acompañada por dos amigos de la residencia, Paulino González y José Ramón López, y por Bea y Puri, trabajadoras del centro, que contaron lo buena compañera que es y lo mucho que participa en todas las actividades. «Me encanta cantar, bailar, actuar en las obras de teatro, divertirme y comer bien». ¿Y cómo lleva los 102 años?. «Muy mal porque tengo pánico a la muerte y quisiera tener menos», responde al momento. «Mejor no pensar en ella», le dice un compañero. «Ya, pero como yo aún tengo el tejado bastante bien, es difícil no pensar», apostilla. «Además, llueve tanto y la tierra está tan mojada que da terror ir para ella... Me dan ganas de echar a correr», bromea.

Esta centenaria lleva 20 años en la Residencia Campolongo. Prácticamente la inauguró ella y está muy contenta. «Es un hotel de cuatro estrellas y todo el personal es muy cariñoso». Lo que le incomoda es que últimamente tiene que usar silla de ruedas por una tendinitis en una pierna, pero no deja que nadie la empuje, ella misma la propulsa. Se levanta temprano, arregla su cuarto, duerme la siesta y después de cenar juega a las cartas. Se entretiene con la televisión, aunque despotrica de cierto programa del «canal cinco». «Se pelean, se critican unos a otros, se meten en la vida de todo el mundo...»

Una vida difícil

Esperanza nació en Tui y no tuvo una vida fácil. Emigró con su familia a Argentina con 28 años y allí se casó con un coruñés que murió en trágicas circunstancias. Antes de que ambos montaran un negocio, trabajó como enfermera y en un laboratorio. Fue a finales de los años setenta cuando decidió retornar a Galicia y se instaló a las afueras de Vigo, hasta que en 1993 decidió irse a vivir a una residencia y le dieron plaza en la de Campolongo.

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