Ence cumple cincuenta años

Tal día como hoy de 1963, Franco inauguró el complejo industrial de Lourizán

Inauguración de la planta de Celulosa en 1963

pontevedra / la voz

Tal día como hoy, hace cincuenta años, Francisco Franco, acompañado por las autoridades civiles y religiosas de la provincia, inauguró la fábrica de Celulosas en Pontevedra. Fue una ceremonia más simbólica que práctica, porque la factoría llevaba ya dos años funcionando con una producción inicial de pasta kraft de 30.000 toneladas al año -actualmente supera las 400.000-. En la visita del jefe del Estado se incluyó también el poblado de Ponte Muíños, donde residían las familias del personal del complejo. En la época se enfatizó la multitudinaria presencia de vecinos y curiosos, que Franco llegó en coche y que una vez rematada la ceremonia, se marchó hasta Sanxenxo, donde se embarcó en el Azor.

La visita de Franco fue uno de los hitos de la trayectoria de este proyecto pastero, que suscitó desde el principio opiniones dispares en la comarca. La elección de Pontevedra como ubicación de la pastera satisfizo a los sectores empresariales de la ciudad, pero no le hizo tanta gracia a los mariscadores y vecinos de Lourizán.

Reducir dependencia de España

La fábrica nació con el objetivo de reducir la dependencia de España de las importaciones de pasta kraft. Con su puesta en marcha, la industria papelera española podía autoabastecerse. El impacto económico también tuvo su peso en la decisión y el Estado estimó en 4.250.000 dólares de 1963 las divisas que España se ahorraba con esta pastera.

En su momento, se difundió como una de las bondades de la factoría la «ocupación permanente, directa y bien remunerada» a 400 obreros, a los que había que añadir el sector forestal.

En su primera etapa, la Empresa Nacional de Celulosas de Pontevedra fabricó pasta kraft con madera de pino (Pinus pinaster), con un color marrón y que se utilizaba en cartonaje. Después se pasó a la pasta blanca y se introdujo el proceso con cloro. Posteriormente se excluyó el cloro con la introducción del proceso de blanqueo con agua oxigenada, una medida que resultó de la investigación propia del complejo y que fue pionera en el mundo.

Ence también tuvo que hacer frente a la organización de sus opositores. En 1987 se fundó la APDR, una asociación ecologista que se marcó como objetivo la marcha del complejo de Lourizán y que recaba, en sus marchas anuales, el respaldo de muchos pontevedreses.

En el 2001, la Sepi, una sociedad estatal, privatizó la factoría. Sus responsables, al año siguiente, pactaron con la APDR una condena por delito ecológico para evitar el juicio de la pastera promovido por los ecologistas. Fue el momento más dulce de la oposición, que puso su mirada en el 2017, año en que remata la vigente concesión de Costas.

Supresión de olores

Por su parte, los nuevos responsables de la factoría han impulsado un plan de supresión de olores -con resultado dispar visto los últimos escapes- y otro de reducción de impacto visual -con más éxito-. Desde Ence se señala que nuevas medidas técnicas han reducido el impacto ecológico muy por debajo de la norma europea. Son parte de las bazas de la pastera en su aspiración a una prórroga por 75 años de su concesión, posible ahora con la reforma de la Ley de Costas de este año y que cuenta con la oposición de la APDR, el BNG y el PSOE. La continuidad de la factoría en Lourizán es, pues, una decisión que aún está por tomar.

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